El daño ya está hecho

El daño ya está hecho

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El tiempo pone a cada uno en su sitio. Todos los sondeos de intención de voto publicados en las últimas semanas -incluidos los del CIS- apuntan una hecatombe para Sumar y sus marcas políticas satélites.

Tampoco Unidas Podemos se libra del descalabro. Si recordamos que hace una década, bajo el liderazgo de aquél demagogo llamado Pablo Iglesias que fantaseaba con "asaltar los cielos", en las elecciones de junio de 2016 consiguieron 71 diputados, la cosa invita a reflexionar.

¿Qué ha pasado para que aquella corriente de indignados convertida en ariete político aprovechando el descontento social haya pasado de ocupar carteras en el Consejo de Ministros a la actual fase de indigencia en expectativas parlamentarias? Han pasado muchas cosas. Entre otras que el grueso de quienes apoyaron con entusiasmo aquél "sí, se puede" que prometía cambiar tantas cosas, acabó auto jibarizando sus grandiosos objetivos políticos cambiándolos por erráticas políticas de género o iniciativas políticas legislativas de dudosa solvencia técnica impulsadas por dirigentes de comprobada indigencia intelectual. Por no hablar de cacicadas como la del plebiscito sobre el famoso chalé de Galapagar -la dacha del líder- que acabaron por desenmascarar a quienes se habían comprometido a seguir viviendo en el popular barrio madrileño de Vallecas.

El desencanto que apagó el fervor hacia Podemos se hizo desbandada en el caso de Sumar, la agrupación de partidos creada como enésima marca blanca por Izquierda Unida que a su vez venía siendo la máscara del histórico Partido Comunista, renuente a concurrir con sus siglas a las elecciones. Pablo Iglesias designó a dedo a la abogada laboralista Yolanda Díaz como líder de Sumar y, con la perspectiva que da el paso del tiempo, bien puede decirse que aquél fue un mal día para la causa de la izquierda. Díaz, enfrentada desde el primer día con su mentor y al frente de una vicepresidencia y un ministerio, no ha sabido articular un discurso político solvente desperdiciando un capital político que, en otras manos menos pendientes de la imagen personal, quizá, habría podido encontrar respaldo popular. El resultado es que sin abandonar el Gobierno ha cedido el liderazgo de la coalición sin asumir responsabilidad política alguna tras las sucesivas derrotas sufridas por Sumar en los comicios autonómicos. Se desvanece Sumar y languidece Unidas Podemos, pero el daño ya está hecho porque, a lo largo de estos últimos años, Pedro Sánchez ha hecho suyas muchas de las ideas de Podemos y la concepción cesarista de la política que en nombre de la pretendida superioridad moral de la izquierda les lleva a despreciar a los adversarios negando legitimidad a la alternancia.

La semana pasada, Pablo Iglesias, desde TVE, reclamaba la ilegalización del Partido Popular. Le molestaba que Núñez Feijóo critique las posibles consecuencias de la llamada "ley de nietos". Se desvanecen en las encuestas pero sobreviven en los medios sembrando cizaña. El daño ya está hecho.


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