Se puede hacer más contra la corrupción, reconoció Pedro Sánchez. Pero, en una larga sesión plenaria en el Congreso de los Diputados dedicada este miércoles fundamentalmente a esta cuestión, no especificó qué es lo que se puede hacer. La sesión consistió en una intercambio de golpes verbales, de particular dureza en algunos momentos entre Sánchez y el líder del Partido Popular, Núñez Feijóo, pero no aportó novedad alguna a la hora de escrutar si el presidente y secretario general del PSOE tiene algunos planes nuevos para regenerar la vida política. No, Sánchez no tiene al parecer planes para conmocionar la vida política española, estancada en arenas movedizas: ni cuestión de confianza, como piden varios grupos, no solo de oposición, por cierto, ni, desde luego, menos aún elecciones anticipadas. Ni congreso extraordinario del PSOE, ni remodelación gubernamental, ni querellas contra socialistas que expandieron la corrupción, como Leire Díez. Nada.
Tampoco el presidente del PP, Núñez Feijóo, trató de remontar el vuelo, por ejemplo diseñando un programa alternativo al de un Gobierno socialista que está claramente en decadencia, pese a la animosidad mostrada por Sánchez, que llegó a decir: "hay quien dice que en estas circunstancias cómo podemos seguir gobernando, y yo pregunto, precisamente en estas circunstancias: ¿cómo no vamos a seguir gobernando?".
La verdad es que ninguno de los grupos parlamentarios, ni siquiera los aún socios -no, tampoco Sumar- mostró entusiasmo alguno a la hora de enfrentarse a la deriva de este Gobierno y los casos de corrupción que lo asedian. Sánchez recibió muchas reprimendas, muchas exigencias de que ha de convocar elecciones, y a ninguna de ellas pareció mostrarle la menor atención: se reafirmó en lo suyo, lo de siempre. En el 'y tú más', en el 'yo no me he enterado de nada' y, en general, algo así como 'peor os irá con un gobierno de PP y VOX'. Ya digo, no me sonó en absoluto a nuevo. Tampoco el relativo 'olvido' del caso Santos Cerdán ni la defensa reiterada de Zapatero.
La antipatía personal existente entre Sánchez y Feijóo condiciona el intercambio de invectivas entre ambos. Viejos ataques, argumentos archiescuchados en la Cámara. El PP no acaba de lanzarse a acelerar su pase a alternativa de gobierno: se ha enrocado en el ataque a lo que el Gobierno hace y no hace, pero no ha desarrollado un programa regeneracionista alternativo. Ni tampoco explica por qué no consuma la presentación de una moción de censura, aunque sea para perderla.
Sánchez, en resumen, sigue siendo el mismo, desafiante, algo chulesco de cuando en cuando, buen e incisivo -a veces insultante- orador. Y la vida política y parlamentaria española mantiene, pese a los rifirrafes y el alboroto ocasional en la Cámara Baja, su perfil algo sesteante. Sesiones como la de este miércoles, por muy vibrantes y alborotadoras que parezcan, no merecen un aprobado. Porque nada aportan a la mejora ni al futuro del país.
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