No, estos no son los tiempos de Adolfo Suárez

No, estos no son los tiempos de Adolfo Suárez

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 La figura de Adolfo Suárez vuelve a sobrevolar la política española. Dentro de una semana, 3 de julio, se cumplen cincuenta años de la designación de Suárez como Presidente del Gobierno, el primero democrático que iba a tener España en cuatro décadas.

Y ahora, en el debate del pasado miércoles, se habló de la 'vía Starmer' como una de las varias posibles para la salida de Pedro Sánchez. Es decir, la 'vía Adolfo Suárez', que dimitió en 1981 para dejar paso a la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. Pero hoy, por supuesto, la vía Starmer, o la vía Suárez, serían imposibles, por mucho que la portavoz de Junts en el Congreso la presente como una hipótesis para que Pedro Sánchez abandone La Moncloa.

 Varias y desordenadas ideas circularon por el Congreso de los Diputados el pasado miércoles, en una sesión parlamentaria dedicada a analizar los casos de corrupción que devastan la política española. Se habló (bueno, casi todos lo hicieron, menos el principal actor, Pedro Sánchez) de elecciones anticipadas, de moción de censura 'instrumental', de la cuestión de confianza... La más original fue la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, que sugirió a Sánchez que ponga en marcha la 'vía Starmer'. Es decir, que, como el hasta ahora 'premier' británico, se retire y designe un sucesor que sea investido en el Congreso y pase a ser presidente del Gobierno hasta que se agote la Legislatura.

En realidad, en España ya se conocía desde hace años esta 'vía Starmer'. La 'vía Adolfo Suárez', que en 1981 dimitió y dio paso a una sesión de investidura en favor de Leopoldo Calvo Sotelo. Ya se sabe lo que ocurrió en la primera jornada de aquella sesión: que, aquel 23 de febrero, el teniente coronel Tejero y un grupo de guardias civiles ultras entraron en la Cámara Baja pistola en mano, y, al grito de 'todos al suelo', se liaron a tiros con el techo del hemiciclo, secuestrando al presidente, a su sucesor, a todo el Gobierno y a los diputados.

Por supuesto que ahora de ninguna manera se dan las condiciones para repetir aquella asonada fascista; nada de eso, aunque entiendo que la crisis política que se vive en España no es mucho menos grave que la que se vivía entonces, con la gobernante UCD cuarteada, con Suárez recluido, sin apoyos, en La Moncloa y con los militares (y esta es la diferencia muy fundamental con nuestros tiempos) levantados. Además, ahora estamos inmersos en Europa, lo que es bueno, y simplemente no existe un Calvo Soterlo (o un Andy Burnham, en el actual caso británico) sucesor. Lo que es malo.

La idea lanzada por la 'ex socia' Nogueras no tiene ninguna posibilidad de prosperar, primero porque el Adolfo Suárez de hoy, es decir, Pedro Sánchez, no tiene la menor intención de dimitir, pase lo que pase; y segundo, quizá no menos importante, es que Sánchez no tiene sucesor, al menos adivinable en estos momentos. No en el PSOE, al menos. Pero, eso sí, contra lo que ocurría con la UCD, el PSOE se mantiene fiel a su secretario general y presidente del Gobierno, como comprobaremos dentro de unas horas en el desarrollo del comité federal del partido.

Increíblemente, el presidente, abroncado en el Parlamento por sus hasta ahora 'socios' (Junts, de hecho, ya no lo es, y aguarden ustedes a la sentencia del Constitucional sobre la amnistía, que se espera, entre otros muchos acontecimientos, para julio), parece pensar que podrá agotar la Legislatura y, además, presentarse a las elecciones y hasta ganarlas. Bueno, como mucho ahora parece admitir (no claramente) que, si no se aprueban los Presupuestos, que por supuesto no se aprobarán, podría disolver las Cámaras y convocar elecciones, que entonces tendrían lugar allá por marzo. Pero todo esto son cábalas en los inquietos cenáculos y mentideros madrileños. De momento, los Presupuestos ni siquiera se han presentado aún.

Sánchez renunció a sacar cualquier conejo de la chistera. Puede que la chistera del mago ya ni exista. Esto es la carrera por la pura supervivencia, a trancas y barrancas, de Sánchez, con un enfrentamiento con el Partido Popular que cae plenamente en lo personal con Núñez Feijóo. El debate parlamentario de este miércoles fue, simplemente, un bochorno, del que nada positivo salió. Excepto la constatación de que 'esto es la guerra', y es una guerra como las de Gila: absurda.

Sí, dentro de unos días recordaremos la figura, incomparable, de Adolfo Suárez. Habrá programas especiales dedicados a la efeméride, y recordaremos que, ahora sí, hace medio siglo que la democracia empezó a arribar a nuestros puertos. Ahora no me atrevo, como no me atreví entonces, a hacer pronósticos. Pero sí recuerdo que la llegada, polémica, de Suárez, marcaba una esperanza de futuro. Ahora, no lo sé. Sé que julio va a ser también un mes bastante agitado, más bien por el pasado que por el porvenir, en el que los nombres de Ábalos, Koldo, Cerdán, Zapatero, Leire Díez, Alvise, Begoña Gómez y su 'juez perseguidor' Peinado, el 'hermanísimo', la directora de la Guardia Civil, la UCO y la UDEF, estarán muy presentes en los titulares.

Pero no, no hay 'ejemplo Starmer, o ejemplo Adolfo Suárez. Ya se sabe que el prado de la democracia británica está tan floreciente porque llevan cuatrocientos años regándola. Y allí a veces hasta se dimite, como hizo, rarísima avis, Suárez. Aquí, en el secarral, seguimos, impasible el ademán, preguntándonos quién ocupará el colchón de La Moncloa en el otoño del 2027. Como si nada.


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