El camino empieza cuando termina el Camino

El camino empieza cuando termina el Camino

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

Soy novato. He terminado hace unos días mi primer Camino de Santiago. Nada que enseñar a los que lo han hecho dos o más veces, y algunos hasta ochenta o cien. Bien aconsejado por Raúl Fernando, mi guía en la distancia. Todo que aprender de ellos. Pero el Camino (este primero mío ha sido el portugués, desde Barcelos), es una iniciación para cada uno. Y creo que cada vez es distinto, nuevo, diferente, absorbente. Recorremos los mismos senderos, entramos en las mismas iglesias, sufrimos el mismo o parecido cansancio, la dureza de tantas "subidiñas" interminables y no pocas bajadas casi en vertical. O eso me lo parecía a mí. Pero el Camino es único, personal. Este primero no será el último. En solitario, pero "in vicario" por ella. Con ella siempre. Y acompañado desde la distancia por los míos. Con el dolor y las lágrimas cuando tocaban. Y han tocado unas cuantas veces. Sanador. Con una sorpresa enorme al llegar a la Plaza del Obradoiro: la presencia de mi hija llegada desde Madrid para compartir ese momento. Y con ocho cartas que me han vuelto a hacer llorar y pensar que hemos construido una familia con buenos cimientos.

Hay momentos para siempre. Hay silencios que no se pueden llenar y que no hay que llenar. Hay mucho tiempo para pensar. Hay paisajes únicos, entre el rumor de las cascadas del agua del río y el canto de los pájaros, pisando piedras enormes y grandes raíces de árboles en el sendero de la Ruta de la Piedra y el Agua, bajando de A Armenteira hacia Vilanova de Arousa. ¿Cómo no creer en Dios viendo tanta belleza? Hay lugares increíbles. Sólo estos kilómetros valen un Camino. Es fácil rezar, sale de dentro, y ofrecer el esfuerzo. Hay soledad y nunca falta la compañía. Hay compañerismo. "Buen Camino" para todos. Todos son todos, sin excepción. Hay sorpresas. La noticia por teléfono de que el Tribunal Supremo había reparado una injusticia terrible con un hombre bueno que pasó encarcelado quince años siendo inocente. Muchas más. Cosas que no tienen explicación. ¿Qué hacen aquí tantos jóvenes, tantas mujeres (más que hombres) de tantas nacionalidades, de todas? ¿Cómo se mantiene desde hace siglos? Unidos por un Camino. Cristianos, protestantes, ateos, agnósticos, ninguno indiferente...¡Que acogedora la gente en Portugal, siempre, y con los brazos abiertos, también siempre, en Galicia!

Ciento ochenta kilómetros oficiales, doscientos veinte con algunos despistes y pérdidas, casi trescientos treinta contando todo lo andado desde la llegada a Oporto. Sin ampollas, pero muchas veces sintiendo que arden los pies. Con un tiempo excelente, sobre todo en las primeras horas del día y solo alguna tormenta ocasional. Barcelos, Vitorino dos Piaes, Labruja, la espectacular Ponte de Lima, Rubiaes, Valença do Minho, frontera con España. Como dice un peregrino italiano, doce Caminos en sus espaldas, "cada día te enfrentas al cansancio, aprendes a gestionar tu propio ritmo, a lidiar con la variabilidad de la naturaleza". Y a usar la soledad para encontrarte contigo mismo y con Dios. Ermitas e iglesias impresionantes en lugares perdidos, puentes romanos que sirven dos mil años después sin necesidad de mantenimiento, cruceros y más cruceros. Entras en España y se multiplican los peregrinos. A veces no parece una peregrinación sino una manifestación. Pero son gentes que suman porque nadie resta. Venezolanos que sufren la tragedia de su país, estadounidenses que preguntan a qué hora es la misa, checos, italianos, japoneses. Tui, O Porriño, Redondela, Arcade, Pontevedra. ¡Qué bella, qué cercana, una más entre todos, la Virgen Peregrina y la bendición a la tarde, cuando nos examinarán del amor a todos. Todos peregrinos. Por la mañana, en el bar, desayuno y sorpresa: mi artículo en el Diario de Pontevedra. Y en Atlántico. Fuerzas para seguir. La llegada a Armenteira dura, pero bellísima. ...Y el lugar para dormir a dos kilómetros de toda civilización. Dos más para subir y dos más para bajar a comer algo. Y por la tarde otro tanto para asistir en el Monasterio cisterciense a la bendición de los peregrinos. En cinco lenguas. Desde Vilanova en la barca del peregrino, como el Apóstol, hasta Puentecesures recorriendo el único viacrucis marino, con diecisiete cruces. Padrón, con la visita al lugar mágico de Santiaguiño del Monte, la Iglesia de Santiago y la casa museo de Rosalía de Castro. Y la última etapa: Santiago de Compostela. Final emocionante de un Camino compartido con quien ya no me pudo acompañar y con miles de peregrinos. Un reto físico, personal y, sobre todo, espiritual. Acogido como hermano, en el Monasterio de las fantásticas benedictinas de San Pelayo de Antealtares. Lágrimas en la misa del peregrino en la catedral, en el vuelo del botafumeiro y en el abrazo al Apóstol. Y para cerrar, visita nocturna, imperdible, a la catedral y nuevo abrazo, más tranquilo, al Apóstol. Hay, dicen, seguramente con razón, "peregrinos" y "turigrinos", pero creo que todos se llevan algo que puede cambiar su vida. Todos, todos, todos. No sobra ninguno. ¿Volvemos distintos? Tengo la sensación de que hay que amasar todo lo que te llevas y que el verdadero camino empieza cuando terminas el Camino. Al menos hasta que lo vuelves a comenzar.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar esta noticia.

Escribe un comentario

Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.