Puigdemont regresa (a las portadas, de momento)

Puigdemont regresa (a las portadas, de momento)

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Por supuesto, ignoro el tenor de la resolución del Tribunal de Justicia Europeo que esta semana previsiblemente dictaminará sobre aspectos importantes relacionados con la amnistía aprobada por el Gobierno español y parcialmente 'vetada' por el Tribunal Supremo. Sea cual sea el contenido de la sentencia del Alto Tribunal europeo, se avecina un enorme revuelto: regresa Puigdemont, el hombre por el que se organizó todo el forzado proceso del perdón; pero, de momento, regresa solamente a las portadas.

El ex president Puigdemont, el hombre que intentó, lo veamos como lo veamos, un golpe de Estado independentista catalán hace casi diez años, ha sido el verdadero protagonista de la política española desde que, en la campaña electoral de 2023, Pedro Sánchez prometió traerle a España para encarcelarle, algo que no solo no se produjo una vez que el PSOE se hizo con el Gobierno tras las elecciones, sino todo lo contrario: Carles Puigdemont, un hombre que no se ha apeado de sus convicciones anti Estado y contra la actual forma del mismo, ha sido tratado de forma excepcionalmente favorable por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que ha necesitado vitalmente los siete votos de Convergencia en el Congreso de los Diputados para mantenerse en La Moncloa.

Ignoro, desde luego, hasta qué punto lo que diga el TJUE estimulará al Tribunal Constitucional a la hora de forzar una 'legalización' de la amnistía en los casos de malversación, que es el freno que el Supremo alega para no admitir la legalización de la norma del perdón. Mucho ha sido lo que el Gobierno socialista ha tratado de forzar legalmente en beneficio de Puigdemont y, en general, de los 'sediciosos' (otros los llaman 'rebeldes') incursos en el 'procés' independentista catalán, que tal mal acabó, si es que ya puede decirse que acabó. Las modificaciones penales de los delitos de rebelión, sedición y malversación son acaso los aspectos más importantes de esta 'revolución jurídica', junto con la aprobación de la propia ley de amnistía, que es algo que el Gobierno siempre dijo que no haría.

En estos años, Puigdemont ha protagonizado escapadas inexplicables, fugas rocambolescas, focos en el Europarlamento, reuniones con gentes hoy caídas, por distintos motivos, en desgracia, como Santos Cerdán, Yolanda Díaz o Zapatero. Todo un compendio de la Historia de la peor política española en los últimos ocho años, en suma. Ahora se recrudecen, merced a la decisión del TJUE (que no tiene plena capacidad ejecutiva ni puede entrar en si la amnistía es 'buena' o 'mala', constitucional o no: solamente si perjudica o no a los intereses de la UE), las especulaciones: ¿se acerca el retorno a tierras catalanas, españolas, de Puigdemont? Un paseo del ex president por las calles gerundenses o barcelonesas, por ejemplo, seguido por decenas de cámaras de televisión de todo el mundo, tendría una enorme repercusión sobre la moral política nacional, en no pocos sentidos, para mal y para bien, según quién lo valore.

Personalmente, no creo en un inmediato regreso del fugado en Waterloo, más allá de que vuelva a las portadas y de lo que pueda transmitir esta semana desde lo que él llama su 'exilio'. Sí creo, en cambio, que la nueva polémica que se reaviva se va a unir a todos los otros factores que planean sobre este mes de julio, haciéndolo aún más asfixiante para quienes ocupan el poder, los poderes. Una prueba más para medir la sin duda enorme capacidad de resiliencia de Pedro Sánchez. Y de su equipo conspirador, del que Puigdemont hace algún tiempo que ya no forma parte, TJUE mediante.


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