Hay campañas institucionales que informan, otras que conciencian y algunas que simplemente provocan desconcierto. La iniciativa de moda "Dmocracia", impulsada por el Gobierno con dinero público, pertenece sin duda a esta última categoría. Convertir camisetas y chándals en soporte de mensajes como "Nuestros derechos son como nuestras prendas" o "Cuando te vistes, te posicionas" resulta, como mínimo, una frivolidad impropia del momento que vive España. En serio esta es la prioridad para un Gobierno que administra el dinero de los contribuyentes". El dinero público es el fruto del esfuerzo de millones de españoles que pagan impuestos esperando que se destinen a mejorar los servicios esenciales, no a financiar eslóganes de dudoso gusto.
La sensación de desconexión con la realidad aumenta cuando casi cada día se conocen nuevos casos de presunta corrupción que afectan al entorno del poder. O informes que sitúan a España entre los países de la OCDE que más poder adquisitivo han perdido desde la pandemia, una realidad que padecen millones de familias cuyos salarios siguen sin recuperar el terreno perdido. Tampoco ayuda la imagen de un Gobierno que para asistir a la reciente cumbre de la OTAN en Turquía utiliza hasta tres aviones oficiales. Entre ellos, un Airbus con capacidad para más de ochenta pasajeros en el que, según distintas informaciones, viajaron el presidente del Gobierno y su esposa, coincidiendo con la graduación de una de sus hijas en una de las universidades privadas más caras del mundo. Todo ello mientras el propio presidente ensalza constantemente las virtudes de la universidad pública.
A esa contradicción se suma otra no menos llamativa. España acumula ya tres años sin Presupuestos Generales del Estado. Ahora se anuncia que llegarán los de 2027, cuando durante todo este tiempo el Ejecutivo ha seguido encontrando recursos para campañas propagandísticas, mientras problemas como el acceso a la vivienda, el deterioro de infraestructuras o la presión sobre los servicios públicos continúan sin respuestas. La democracia no se fortalece estampando frases en una camiseta. Se fortalece gestionando con rigor el dinero de los ciudadanos, respetando las instituciones, rindiendo cuentas y estableciendo prioridades acordes con las necesidades reales del país. Lo demás es propaganda financiada por quienes tienen cada vez más motivos para preguntarse en qué se emplean los impuestos que pagan con tanto esfuerzo.
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