Decenas de personas acuden cada día a estos espacios durante las horas más calurosas para estudiar, leer, trabajar o simplemente refugiarse del calor que roza los 40 grados.
Las bibliotecas municipales y regionales de Madrid se convierten un año más en refugio climático frente a las altas temperaturas que caracterizan estos días de julio. Niños, opositores, personas sin hogar e incluso trabajadores en régimen de teletrabajo acuden a estos espacios con aire acondicionado para leer libros, estudiar, trabajar o navegar por Internet durante las horas más calurosas del día.
La biblioteca municipal Benito Pérez Galdós, ubicada en el centro cultural Contemporánea Condeduque, es uno de estos refugios. Mientras en los patios exteriores la temperatura roza los 38ºC a primera hora de la tarde, en el interior se respira alivio y frescor. En la sala infantil, decenas de menores aprovechan las vacaciones escolares para pasar más de dos horas leyendo cuentos ilustrados, libros en inglés y clásicos infantiles como las aventuras de Teo.
En las salas de estudios y ordenadores, usuarios de perfiles muy distintos comparten el espacio. Gustavo, un hombre brasileño que lleva más de siete años en España, acude diariamente para aprender chino y alemán mientras busca empleo. Ada y Guillermo, compañeros de piso que estudian una tesis doctoral y una oposición, vienen porque en su casa no tienen aire acondicionado para soportar las temperaturas asfixiantes. Clara, procedente de Alcorcón, aprovecha para "estar fresquita" mientras realiza tareas.
La Biblioteca Vargas Llosa, ubicada cerca de la estación de Metro de Tribunal, es especialmente un refugio para las personas sin hogar. Pavel, un hombre de unos 50 años que vive en la calle por la zona de Embajadores, pasa las horas de más calor frente al ordenador con aire acondicionado. Cada mañana desayuna en la Iglesia de San Antón y antes de cenar en un centro para personas sin hogar a las 19 horas, aprovecha para estar "tranquilo" en la biblioteca intentando olvidar las penurias de vivir en la calle.
En la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías-Casa de Fieras, camuflada entre los árboles de El Retiro, los niños sustituyen los columpios y toboganes de los parques infantiles por libros durante las horas de máximo calor. Las trabajadoras del centro señalan que durante el verano aumenta especialmente la presencia de menores, al coincidir con las vacaciones escolares, además de recibir numerosos visitantes de El Retiro que buscan un descanso del calor.
Para unos, las bibliotecas son un lugar donde preparar una oposición, aprender un idioma o teletrabajar. Para otros, representan algo mucho más básico: un techo bajo el que resguardarse del calor extremo que define el verano madrileño.
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