Días oscuros

Días oscuros

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Desde la ejemplaridad de su alta magistratura, que ejerce con impecable ajustamiento al orden constitucional y a su propio catecismo ético, el Rey Felipe VI, ha dicho que estamos viviendo días "oscuros".

Cierto. Los más oscuros en este perpetuo viaje de los españoles hacia la reconciliación después de vivir tanto tiempo como la salamandra en el fuego (ay, don Benito). O como esas dos grotescas figuras goyescas que se aporrean mutuamente se van hundiendo en el fango.

No hay mal que cien años dure.

Los días "oscuros" de la corrupción y el desbarajuste político son árboles que no dejan ver el bosque. Cuando llueve escampa en un sistema bien diseñado, a mi juicio, para superar la escalada de la desvergüenza. En eso estamos, con una quincena de causas judiciales abiertas contra el entorno del Gobierno y el PSOE.

Todo eso ensombrece el horizonte a corto plazo. Pero hay un muro institucional insalvable para quienes la política viene a ser "una forma de holganza retribuida que se convierte en oficio y acaba degenerando en rutina" (Manuel Azaña. 1933). O sea, que en esta ocasión nos pilla prevenidos.

Mal que le pese a algunos, ahora funciona el Estado de Derecho. Un contrapeso a la desidia del poder a la hora de asumir los usos y costumbres de un sistema democrático. Por ejemplo, deber de atenerse a las decisiones del Parlamento. Las que abren las puertas de la Moncloa y las que señalan la puerta de salida en virtud de la llamada "responsabilidad política". Por acción o por omisión.

Por tanto, es solo cuestión de meses. El desempeño ordinario del entramado institucional en un régimen de separación de poderes está siendo el mejor freno a los malversadores de la voluntad del pueblo soberano. La sentencia reciente de la sala segunda del Tribunal Supremo que afecta a un corruptor y dos corruptos es un aviso para navegantes.

Es verdad que la fe en la democracia ha decaído en los planes del Poder Ejecutivo en la España de 2026. Es verdad que la Constitución está siendo zarandeada desde la propia ecuación de poder surgida en el otoño de 2023 (pacto de investidura de Sánchez). Y es verdad que se han crecido los agoreros del caos. Pero también es verdad que la Corona, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Fiscalía Anticorrupción, por citar algunos brazos del Estado comprometidos con su papel constitucional, nos dan motivos para seguir creyendo que esto tiene arreglo. Incluidas las garantías de que la corrupción no conseguirá "socavar la arquitectura de nuestro Estado", en palabras de la mencionada sentencia contra el exministro, el conseguidor y el comisionista.


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