Esta vez no escampará

Esta vez no escampará

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El Congreso y el Senado -por mayoría absoluta en ambas votaciones- exigen a Pedro Sánchez que se someta a una cuestión de confianza o que convoque elecciones. Tras la votación en el Congreso la respuesta ha sido algo peor que un desplante: una burla.

Protagonizada por los diputados del Grupo Parlamentario Socialista puestos en pie y aplaudiendo la derrota secundados por las carcajadas del propio Sánchez.

Una burla que pasará a los anales de la Cámara como un episodio bochornoso ajeno a la que se supone son las exigencias de un sistema democrático en el cual las minorías respetan el resultado de las votaciones.

Que el partido que pese a haber perdido las elecciones -el vencedor fue el PP-, aceptó y aplaudió la elección de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno se niegue ahora a aceptar el resultado de la votación de la Cámara que le emplaza a convocar elecciones o a someterse a una cuestión de confianza delata dos rasgos a cual más inquietantes.

Una actitud irrespetuosa con los usos democráticos y también el miedo, el pánico a dar por terminada la legislatura por temor a perder las elecciones y verse abocada a pasar a la oposición sin tener a su disposición los recursos que otorga el poder para intentar reconducir o minimizar los daños que puedan derivarse de las actuaciones pendientes de la abultada agenda judicial en la que algunos de los casos que afectan a su entorno familiar le conciernen de manera inequívoca. Por no hablar de las investigaciones que van tras los pasos de la presunta financiación irregular del PSOE.

Sánchez es un náufrago político y avizorando el hundimiento que se avecina ha entrado en pánico. Las muecas y las carcajadas desde el banco azul delatan un estado de tensión digno de análisis. Avizora el final de la escapada y se le ve dispuesto a todo. Ya dijo un día ante el Comité Federal del partido que gobernaría "con o sin el apoyo del poder legislativo". A la vista de lo sucedido esta semana en el Parlamento estamos ya en esa fase. Peligrosa para el funcionamiento armónico de las instituciones de un Estado democrático. Sánchez confía en que, pese al escándalo, una vez más, la indignación no pasará de las críticas de la oposición y los medios no sindicados con el sanchismo. Pero han ido demasiado lejos y esta vez no escampará tan fácilmente.


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