Los caídos de Sánchez

Los caídos de Sánchez

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El victimismo como burladero. Es el papel elegido por las cuatro figuras más importantes del tinglado sanchista. Los hechos que dieron lugar al tenebroso retablo de maese Pedro no importan. Mejor hablar de la conjura de los malos que los llevó al descrédito (Sánchez), al banquillo (Cerdán), al procesamiento (Zapatero) o a la cárcel (Ábalos).

Los cuatro tienen en común el recurso al victimismo como último refugio del político caído en desgracia, aunque la situación político-judicial de cada uno no sea exactamente la misma. El todavía Presidente del Gobierno ni siquiera está imputado, aunque todos los culebrones desembocan en él por complicidad o por desidia. Los otros tres, al igual que su esposa, su hermano o su ya exfiscal general, que vienen del sanchismo fundacional, ya han pasado o van a pasar por el banquillo.

Todos en un mismo relato fabricado en la Moncloa. El que denuncia una supuesta conspiración jura de los malos contra "el Gobierno más limpio de la historia de la democracia española" (Sánchez dixit). O sea, el victimismo como burladero frente a los señalamientos dictados por la exigencia de ejemplaridad y transparencia de los servidores del Estado. Es en este punto donde Sánchez, Zapatero, Ábalos, Cerdán, García Ortiz, Begoña Gómez, David Sánchez, Leire Díez, etc., con unos u otros matices, coinciden en declararse víctimas de traición interna o conspiración externa, sin la menor alusión a la responsabilidad de sus propios actos.

El último en incorporarse al sindicato de agraviados -en este caso por traición interna, no incompatible con conspiración externa- ha sido el ex todopoderoso secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, procesado por presuntos delitos de cohecho, tráfico de influencias y pertenencia a organización criminal.

También viene del corazón del sanchismo y también se siente víctima de una persecución política. Pero, a diferencia de los demás, que han pasado de la omnipotencia a la vulnerabilidad en cuestión de días, ha elegido el formato libro. Se titula: "La caída". No se trata de una vocación literaria inesperada sino de controlar el relato exculpatorio sin molestas alusiones a "mordidas" y amaño de millonarias adjudicaciones públicas.

Le renta más centrarse en su papel de "arquitecto de mayorías imposibles". Por supuesto, a mayor gloria del jefe Sánchez, que se atornilló en la Moncloa a pesar de haber perdido las elecciones de julio de 2023, gracias a lo bien que Cerdán cumplió su encargo de declarar especies protegidas al secesionismo de catalanes y vascos a cambio del voto de sus 25 diputados (ERC, Junts, Bildu y PNV).

¿Y así me lo pagan?, parece preguntarse.

Típico caso de político que, de camino hacia el banquillo, quiere controlar el relato de su caída en desgracia.


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