Políticos de bolsillo y políticos de alcantarilla

Políticos de bolsillo y políticos de alcantarilla

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Son malos tiempos para la polìtica. O, dicho de otra manera, con los políticos que tenemos son malos tiempos para los ciudadanos. No hablo solo de España. ¿Dónde están los líderes europeos de altura, capaces de encontrar una respuesta inteligente para los desafíos que provocan las nuevas realidades de Estados Unidos, China y Rusia? ¿Alguien es capaz de dar un solo nombre en quien confiar? ¿Hay alguna opción mejor entre los que aspiran a gobernar? Eso en Europa.

Estar en manos de Trump, Putin o Xi Jinping garantiza peligros inminentes. Si bajamos al territorio español, mucho más de lo mismo. Estamos invadidos por un ejército de políticos de bolsillo que han hecho de la polìtica su campo de acción y que se defienden como leones para no dejar el poder porque no tienen, en su mayoría, otro oficio ni beneficio que lo que les da el partido político de turno. Y si pierden eso -lo que obliga a una fidelidad perruna, a guardar silencio aunque no esté de acuerdo y a tragar, ya hasta defender con el argumentario que les marcan, lo que saben que es un error mayúsculo- se quedan en la calle. Y en la calle hace mucho frío. Con excepciones, las hay, personas que de verdad creen en una polìtica al servicio de los ciudadanos, tenemos una clase polìtica de muy baja talla. Y no hablo de estatura. La prueba es que cualquiera puede llegar a ser ministro, secretario de Estado, director general, presidente de una empresa pública o de los miles de chiringuitos innecesarios sin estudios universitarios o conocimientos sobre el sector, sin experiencia de gestión fuera de lo público y sin pasar ni la más mínima oposición o prueba de idoneidad.

Ya he escrito que hay requisitos legales para ocupar esos puestos -competencia profesional y experiencia o capacidades adecuadas para el sector y, ojo, "honorabilidad"- pero bastantes altos cargos actuales no cumplen las primeras y es dudoso que lo hagan con la última. No es que un alto nivel de estudios sea imprescindible para gestionar miles de millones, pero ayuda mucho. La ausencia de un currículo que garantice experiencia, cercanía a los problemas, integridad, conocimientos técnicos o capacidad demostrada de gestión sí debería eliminar cualquier candidatura.

Tenemos demasiados políticos de bolsillo, pequeños, sin la formación adecuada, incapaces, fáciles para el error y dóciles para el que manda. Así, la polìtica empobrece a los que están en ella y hace que los que pueden aportar criterio, libertad, conocimientos, capacidad de gestión y preocupación por el bien común huyan de ella y dejen el campo libre para los oportunistas que nunca han conocido otra cosa que el ecosistema del partido y que están dispuestos a rebajar su honorabilidad por seguir en el cargo y vivir de la sumisión. Ya decía Guerra que "el que se mueve no sale en la foto". Y son muchos, demasiados, los que no piensan moverse aunque haya un terremoto.

Pero también hay políticos que donde viven mejor es en las alcantarillas o en las cloacas, su espacio natural. A los de las cloacas ya les vamos poniendo nombre y, en algunos casos, penas de cárcel. Pero hay otros. El último episodio de Oscar Puente calificando de "ignominia" el saludo casual del Rey a un periodista de extrema derecha y retuiteando un perfil que reclamaba "República, ya" es uno más de sus episodios lamentables y vergonzantes, pero no será el último. Una vez que se lanzan las acusaciones, los hechos no importan. Cada vez que opina en redes ensucia la dignidad de la polìtica.

En lugar de ocuparse de lo que está obligado a gestionar y funciona cada vez peor -los trenes, las vías, las carreteras- bucea y disfruta entre la basura y los deshechos. Dicen algunos que Sánchez -y él como su principal esbirro- están preparando que las próximas elecciones sean un referéndum entre Monarquía y República, la única posibilidad, muy lejana, de poder seguir en el poder. Otra ministra, la de Igualdad, ha pedido a la fiscalía actuar contra un diputado de Vox por hablar, lamentablemente, de "cazar inmigrantes" llegados a Ceuta por si eso es un delito de odio. Hubiera sido mejor que fuera ella a Ceuta a ver sobre el terreno lo que está pasando y paliar la dejación de funciones de un Gobierno de vacaciones.

Confundir la polìtica con un espectáculo, el interés general con el del Gobierno o el partido y el relato con la realidad demuestran que para estar en polìtica habría que exigir mucho más y que algunos nunca deberían llegar a los cargos de máxima responsabilidad. A derechas e izquierdas.


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