Me parece inconcebible que, a la hora de cerrar este comentario, el ministro del Interior no haya dimitido, o sido cesado. Si el jefe de las fuerzas del orden no se entera de los informes que hace la policía, que por cierto contradicen frontalmente las tesis del Gobierno sobre la participación o no de Marruecos en el asalto a Ceuta, y tampoco le llegan los informes de la UCO procedentes de una Guardia Civil realmente enfadada con el Ministerio, ¿qué hace en el puesto?
La divulgación, nunca casual pero sí oportuna, de un informe policial llegado a la Audiencia Nacional, implicando claramente a Marruecos, socio fiel y leal según el Ejecutivo español, en los gravísimos sucesos en Ceuta desde finales de julio, obliga a Pedro Sánchez a variar su discurso este jueves ante el Congreso de los Diputados: va a tener que desmentirse a sí mismo, lo cual es algo que a Sánchez (y a cualquiera) le gusta más bien poco.
Lo lógico sería que Sánchez compareciese este jueves en la Cámara Baja con la cabeza de Marlaska, y quizá alguna otra, bajo el brazo. Y con las de los asesores que le aconsejaron que el PSOE prohibiese a sus alcaldes unirse a las manifestaciones, bastante masivas, de este miércoles, cuando lo obvio hubiese sido que el partido gubernamental hubiese participado en las marchas que teóricamente 'en apoyo a Ceuta' discurrieron en las últimas horas por toda España. Ya sabemos, ya, que lo del 'apoyo a Ceuta' era casi una metáfora y que de lo que se trataba era de sacudir al Gobierno, pero lo que este ha hecho ha sido dejar toda la calle para la oposición. Y toda la FEMP para el PP, lo que no deja de ser grave ante las próximas elecciones municipales.
Y encima, ya digo, lo del informe policial que echa por tierra toda la argumentación internacional esgrimida por Sánchez, consistente en culpar a Rusia, a Israel, a no sé qué difusa multinacional ultraderechista y a las redes sociales (bueno, y a la oposición, claro) de cuanto ha ocurrido y sigue ocurriendo en Ceuta, la mayor crisis de Estado vivida por España en décadas.
¿Con qué saldrá este jueves Sánchez al atril de la Cámara Baja, en medio de una expectación inusitada en un acto de nuestro sesteante Parlamento? Todos se peguntan si le quedan conejos en la chistera, suponiendo que le quede chistera. Un mínimo sentido común indicaría que el presidente tiene que salir a torear casi a porta gayola, sorprendiendo al personal con medidas de choque, con alguna autocrítica (pero eso, ya se sabe, es imposible), con algo que no sea más de lo mismo y el sonsonete del 'y tú más'.
No, presidente, esto no ha sido una conspiración judeomasónica, o trumputinesca, como usted insinuó en la algo delirante entrevista que concedió a una radio, la Ser, el pasado lunes. Elon Musk puede que tenga la culpa de muchas de nuestras desgracias y conspiraciones en la red, pero no fue él, desde luego, frío, frío, quien lanzó a los nadadores a la costa ceuití. Ni Trump. Ni Putin. Ni Netanyahu, los obvios malos de toda película. Ni Meloni, Dios mío. Quizá habría que mirar más bien, caliente, caliente, hacia Rabat, como siempre. Alguien no se ha enterado de nada, comenzando por usted, señor presidente, que ni siquiera parece saber cuánto tiempo lleva reinando nuestro jefe del Estado.
Lo peor es que ya no creo en esa mala voluntad y deseo de engañar que algunos enemigos irredentos quieren achacarle. Lo que creo es aún más grave: es incapacidad. Que no se enteran, vamos. A ver cómo lo explica a los parlamentarios y a la nación, que ya va siendo hora.
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