¡Que se vayan!

Carmen Tomás Colaboradora de Opinión

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Un mes ha tardado el Gobierno en reaccionar ante la devastación económica provocada en Ceuta por la invasión de los últimos días de julio. Un mes en el que miles de personas han visto cómo su actividad se hundía mientras el Ejecutivo miraba hacia otro lado.

Ahora, cuando muchos pequeños comercios y empresas ya han echado el cierre, el Consejo de Ministros anuncia un plan de 168 millones de euros. Bienvenidas sean las ayudas, pero llegan tarde y, sobre todo, parecen insuficientes para la magnitud del problema.

Los datos dibujan una economía local prácticamente paralizada. Según el servicio de estudios del BBVA, el consumo en términos reales ha caído casi un 4%. En la hostelería, el desplome alcanza el 5,4%. Las cifras de la Cámara de Comercio de Ceuta son todavía más demoledoras: los ingresos de comercio y hostelería se han reducido un 50%. Y las reservas hoteleras han caído hasta un 90%. No hace falta ser economista para entender lo que significan estos números. Persianas bajadas, mesas vacías, habitaciones sin ocupar y trabajadores que ven peligrar sus empleos. También negocios que difícilmente podrán resistir un mes más esperando que llegue una ayuda que debió aprobarse hace semanas.

Qué sentido tiene ahora subvencionar un puesto de trabajo si el empresario no tiene clientes a los que atender. La economía ceutí no se recuperará con una simple inyección de dinero si persiste la causa que ha hundido la actividad. Según los últimos datos conocidos, al menos 15.000 inmigrantes continúan en la ciudad. Mientras permanezca esa situación, la recuperación del turismo, del comercio y de la hostelería será extraordinariamente difícil por no decir imposible. Los empresarios lo están diciendo con claridad: cualquier ayuda es bienvenida, pero no resolverá por sí sola el problema.

Ceuta necesita recuperar la normalidad, la seguridad y la confianza. Necesita que vuelvan los visitantes y que los ciudadanos recuperen la tranquilidad y la normalidad. Se han quedado sin verano, sin fiestas y sin recursos. Necesita, en definitiva, que la ciudad vuelva a funcionar y eso pasa sin ninguna duda porque se vayan los miles de inmigrantes que han provocado una crisis no solo económica, sino también sanitaria y de seguridad.


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