Por qué ir a la manifestación (¿y por qué no?)

Fernando Jáuregui Colaborador de Opinión

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Lo confieso: lo he pensado mucho antes de escribir lo que a continuación escribo. Sí, en la tarde de este miércoles iré a la manifestación 'de apoyo a Ceuta' (lo pongo así, entre comillas, porque ya sabemos que la finalidad principal no es esa) convocada en mi ciudad.

Iré, eso sí, más como informador que como vociferante, más como indignado ante los obvios fallos del Gobierno que como ciudadano antigubernamental o ligado a cualquier partido político de oposición. Y, desde luego, no quisiera con esta columna ejercer efecto llamada alguno: allá cada cual con su manera de entender cómo participar en la desgraciada política de este país. Lo importante es participar. Y mi manera de participar es escribir estas líneas.

Escuché la entrevista de Aimar Bretos con Sánchez el pasado lunes. Me quedé con la sensación de que el presidente se cree lo que dice, incluyendo algunos errores de bulto (¿para qué querrá tantos asesores? ¿para equivocarse hasta en los años de reinado de Felipe VI?). Sí, Sánchez nos ha mentido reiteradamente, pero pienso que hasta eso se deriva de su finalidad primera en esta vida: permanecer en el cargo. Y si para ello tiene que auto convencerse de cosas que, simplemente, no son así, como que la normalidad está retornando a Ceuta, pues se auto persuade y en paz.

Acaso sobre todo por eso sea bueno que las gentes salgan a la calle en la que quizá sea, este miércoles, la manifestación más multitudinaria que haya concitado un Gobierno en su contra: conviene lanzar a los responsables políticos, no solo los gobernantes, el mensaje de que la ciudadanía no está dispuesta a tragar bulos, incompetencias y desdenes. Es hora de que la sociedad civil, si efectivamente existe, se manifieste de alguna forma, y conste que con ello no estoy diciendo que lo haga en forma de ataque al Gobierno constituido, pero sí, al menos, como un toque de atención. Y es hora de que los ayuntamientos ejerzan su papel como cuarto poder moderador del Ejecutivo, aunque Montesquieu no llegase a clasificarlos así.

No, el país, este país maravilloso llamado España, no va tan bien como nos dicen 'desde arriba'. Y conviene que eso, dicho respetuosamente si es que tal cosa, el respeto, es ya posible, se escuche en las alturas.


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