El Gobierno ha muerto, viva el Gobierno

El Gobierno ha muerto, viva el Gobierno

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MADRID 15 Ago.

El desencuentro, a cuenta de la prórroga de la vida de la central nuclear de Almaraz, entre el PSOE y su coaligado Sumar es quizá el enésimo choque de trenes entre ambos, pero esta vez el tema de fondo es acaso el más importante: ¿qué política energética seguir en unos tiempos en los que la energía constituye un motivo mundial de angustia, una clave esencial de futuro? Un Gobierno no puede, simplemente no puede, estar fraccionado por una cuestión como esta. Y es un motivo más para propiciar un titular como el que encabeza este comentario: el Gobierno ha muerto, viva el Gobierno

Decir que el Ejecutivo español ha estallado, y no por primera vez, este verano puede llevarte a que en las áreas monclovitas te pongan, una vez más, la pegatina de 'fachosferoso', aliado de la oposición y crítico por principio con el Gobierno. Pero ¿cómo defender a un Ejecutivo en el que, por ejemplo, las dos principales carteras relacionadas con la seguridad del Estado, Defensa e Interior, airean sin demasiado disimulo sus desavenencias? ¿Cómo no preguntarse qué puede salir mal cuando hemos visto el comportamiento oficial ante la crisis migratoria, ante la proliferación de incendios o, principalmente, ante lo sucedido en Ceuta? ¿Cómo no perder la calma ante las mal educadas salidas de tono de cierto inoperante ministro que incluso salpica a la Jefatura del Estado? ¿Cómo no indignarse ante mentiras sobre hechos y datos que son patentes?

Todo lo que digo forma parte de una necesariamente crítica y descontenta crónica política: resulta difícil defender a este Gobierno en la globalidad de sus actuaciones, aunque forzoso sea reconocer que algunas de ellas, la última la rectificación sobre la prórroga de Almaraz, son acertadas, por mucho que hayan disgustado al 'socio' Sumar, que sigo sin entender que mantenga cuatro representantes en el Consejo de Ministros.

Lo curioso es que Sánchez, que es todo un animal político, siga expresando en términos mayúsculos y muy alejados de cualquier autocrítica su contento, más bien entusiasmo, por el funcionamiento de su equipo. Hoy, un observador imparcial diría que el Gobierno no existe -¿sabe usted cómo se llaman los ministros/as de Educación, Juventud, Industria, Seguridad Social, Hacienda, etcétera? Pues eso-. Y diría también que la auténtica operatividad de la gobernación se centra más bien en el opaco ejército de asesores en La Moncloa que en los Departamentos ministeriales; por cierto, algunos de ellos, como Justicia o Exteriores, fuertemente criticados 'desde dentro' por sus respectivos sectores profesionales.

Este aparente entusiasmo de Sánchez por la totalidad de sus ministros, unido al agravamiento de su 'síndrome de Hubris', que le hace estar seguro de ser infalible y de que todos los demás somos, por el contrario, unos equivocados, sin duda está lastrando una imprescindible crisis gubernamental en toda regla. Decir que esta crisis es urgente, porque el Gobierno es un cadáver viviente, no es hacer oposición: es, simplemente, poner al descubierto las llagas ya no de un Gobierno, sino de un sistema. ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra infinita paciencia? Pues de momento el Gobierno, aunque sea como un zombi, sigue dando tumbos, como si estuviese vivo; así que viva el Gobierno, por mucho que esté gangrenado.


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