
¿Puede el ministro del interior actual, don Fernando Grande-Marlaska, seguir desempeñando su importante cargo? Hace tiempo que pienso que, por su propio bien y el de todos, el ministro debería haber sido sustituido. Tras escuchar sus explicaciones, sus datos contradictorios, sus balbuceos, este viernes en el Congreso, pienso que esta sustitución es urgente. Pocas veces he asistido a un discurso tan mal hilvanado, casi nunca he visto a un político tan acorralado, con tan pocos ases en la manga.
Los ministros van pasando estos días por el Congreso para explicar su actuación (o la falta de ella) con motivo de lo ocurrido hace un mes en Ceuta. Debo recalcar, en primer lugar, lo tardío de estas comparecencias: un mal cálculo por parte del Gobierno trató de dilatar lo más posible estas explicaciones, en la esperanza de que tres o cuatro semanas habrían bastado para normalizar la situación en la ciudad y para apagar el incendio diplomático subsiguiente. No ha sido así: lo cierto es que ahora la situación no solo no ha mejorado, sino que, en algunos aspectos, ha empeorado: Ceuta es un polvorín.
Ni siquiera han sido capaces los distintos comparecientes del Gobierno de unificar sus versiones acerca de, por ejemplo, si los servicios secretos informaron o no de lo que venía. Y la pugna, encarnada en el propio Grande-Marlaska frente a la titular de Defensa, Margarita Robles, se ha convertido en una polémica interna en el Ejecutivo que no hace sino aumentar la sensación de confusión. Y el malestar intestino en el Consejo de Ministros, donde algunas fuentes aseguran que hay algún titular al borde de la dimisión, ha dejado de ser algo presunto para convertirse en una certeza: no estamos hablando ya de rumores 'inventados' por los medios, contra lo que algunas voces oficiales u oficiosas dijeron.
Por tanto, las comparecencias de los ministros están evidenciando la ya muy denunciada falta de cohesión y de operatividad en el Gobierno, que peor no puede haber actuado en este mes de agosto tremendo que hemos vivido. Y así, lejos de facilitar la próxima intervención del presidente Pedro Sánchez en una sesión plenaria extraordinaria de la Cámara Baja sobre Ceuta, el día 3, la están complicando: lo primero que tendrá que hacer Sánchez es despejar las contradicciones internas en su Gabinete, precisar los datos confusos diseminados por sus ministros y, claro, garantizar a los grupos parlamentarios, y por supuesto a la nación, que este es un Gobierno estable, que estamos en buenas manos.
Tarea difícil, y más cuando algunos de los 'socios', empezando por el partido coaligado con el PSOE en el Ejecutivo, o han puesto los pies en polvorosa, desapareciendo de la escena en unos momentos tan tremendos para el país, o, peor aún, han contradicho algunos de los 'puntos fuertes' del discurso gubernamental. Por ejemplo, como la presunta 'lealtad' de Marruecos, lo que se hizo patente también este viernes en la comparecencia ante la Cámara del titular de Exteriores, José Manuel Albares: ni siquiera Bildu, el 'socio' más fiel ahora del Gobierno, acepta la versión gubernamental, tan complaciente con Rabat.
Complicado panorama, ciertamente, para un presidente que se ve forzado a salir a la palestra, primero el lunes, con una entrevista televisiva y, tres días después, ante un Parlamento que ha estado demasiado silente en estas semanas de enorme crisis. Máxime cuando, el día anterior a la comparecencia de Sánchez en el Parlamento, más de treinta manifestaciones 'de apoyo a Ceuta' han sido convocadas sin paternidad suficientemente acreditada en otras tantas ciudades españolas. Desde luego, no parece que vayan a ser manifestaciones de apoyo al Gobierno, precisamente.
Nos dicen que en La Moncloa se prepara 'una ofensiva de comunicación en toda regla' para hacer frente a la situación. Conozco que basta con que se repita desde muchos ángulos y sectores lo necesario que es introducir cambios en profundidad en el Gobierno para que esto no se haga: es esa gobernación tozuda y 'testicular' que nos caracteriza. Pero creo que a Sánchez ya ni Marlaska, ni Robles, ni Albares, ni ningún otro de sus ministros, que echan todas las culpas a la oposición o a las redes sociales, le sirven ya de pararrayos, que es lo que, hasta ahora, vienen fundamentalmente siendo: están demasiado abrasados.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)