Pensando ya en el retorno más duro

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Tengo la sensación de que, pese al pasotismo general que nos caracteriza, las comparecencias de los ministros en sus respectivas Comisiones en el Congreso de los Diputados a partir del martes van a inaugurar un curso político que va a ser de órdago. Porque, contra lo que el Gobierno esperaba aplazando ¡un mes! estas presencias parlamentarias, la situación en Ceuta, lejos de resolverse, se complica desde varios ángulos. Me dicen que al menos algunos de los ocho ministros que se someterán al fuego graneado de la oposición (y de los propios socios) ya están preparando sus intervenciones exculpatorias, detallando todo lo que han hecho, aunque no se haya notado, en esta crisis de Estado que hemos vivido, que estamos viviendo.

Han sido muchos los fallos detectados en las gestiones (o en la falta de ellas) ministeriales en estas tres semanas, incluyendo los errores clamorosos en los datos que se manejaban y que se exponían a la opinión pública. Es de suponer que la oposición (y los socios) bucearán en las incongruencias, los silencios, la falta de previsión y las opacidades registrados en estas tres semanas en las que, sin embargo, el presidente ha mantenido sus vacaciones en La Mareta -de esto va a hablar la oposición, y mucho, sospecho- y varios de los principales ministros implicados han evitado el contacto directo con los ceutíes.

No ha sido, por ejemplo, el caso de Margarita Robles, la titular de Defensa, que protagonizó un episodio (uno más entre ellos, pero este ha sido el principal) de discrepancias con el ministro cuya gestión todos señalan como nefasta, el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Robles sí se acercó a los habitantes de Ceuta y fue fotografiada consolando a una mujer abatida, como tantos ceutíes.

La ministra de Defensa, que tiene ante sí la 'papeleta' de explicar la actuación de los servicios secretos en esta crisis de Estado, será la primera en comparecer en el Congreso, el martes, y la que, por tanto, marcará la pauta de las intervenciones ministeriales en los días siguientes. Cuando los ministros de Justicia, Exteriores, Interior, Sanidad, Juventud, Integración e Igualdad acudirán a sus respectivas comisiones para mantener una batalla dialéctica en toda regla con los representantes de PP, Vox, Junts, Coalición Canaria, Podemos y quién sabe si también el mismísimo coaligado Sumar: a nadie ha satisfecho la gestión gubernamental en estos días tremendos.

Además, sospecho que la Diputación Permanente habrá de registrar la petición al menos del Grupo Popular para que se celebre un pleno en la Cámara Baja, con asistencia, por tanto, de Pedro Sánchez, con carácter monográfico en torno a Ceuta. Veremos si el PSOE acaba aceptándolo o si, como ocurrió con las comparecencias solicitadas de varios ministros en el Senado, trata de rechazarlo. En juego está ya el prestigio de un Parlamento que se ha mantenido bastante inoperante no solo ante esta crisis, sino frente a otras varias anteriores, como la provocada por los incendios que este verano han costado ya dieciséis vidas, aparte de los enormes daños materiales en más de sesenta mil hectáreas.

Todo ello, claro está, al margen de las otras cuestiones que, en relación con casos como el de las joyas de Zapatero, Plus Ultra y SEPI, Cerdán, la mujer del presidente o las cloacas del PSOE, entre otros varios, se vienen arrastrando en los juzgados desde hace meses y que tendrán, lógicamente, su estallido parlamentario de aquí a noviembre. Tampoco sería extraña la pelea parlamentaria pidiendo un pleno extraordinario para hablar de los aún no presentados Presupuestos, también quizá en torno a noviembre. Un mes que se considera clave para averiguar los proyectos de Pedro Sánchez en relación con la convocatoria de elecciones generales.

No resultan impertinentes, por tanto, las reclamaciones, más procedentes de los medios que de la oposición y, menos aún, de los socios, para que finalmente se celebre un debate sobre el estado de la nación, que, pese al compromiso de realizarlo anualmente, lleva cuatro años sin realizarse. Y, como vemos, motivos no faltarían para hacerlo, como tampoco faltarían para la presentación de una moción de censura que, sin embargo, la timidez de la oposición no se anima a encabezar ante el temor a perderla.

El retorno se presenta, por tanto, muy duro para todos, pero sobre todo para el inquilino de La Moncloa y su equipo. Un otoño especialmente caliente, que se adelanta un mes, ya al próximo martes parlamentario. Emoción incluso para un público que parece mirar siempre a otro lado.


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