
En el agosto que concluye sigue siendo noticia y grave motivo de preocupación la anormalidad que padece Ceuta. Allí todavía permanecen varios miles de jóvenes que, procedentes de Marruecos, invadieron la ciudad a finales de julio. La invasión nos dejó un saldo inquietante: el pasmo ante una avalancha de más ochenta mil personas franqueando ilegalmente la frontera, cerca de cien jóvenes ahogados, diez mil que permanecen todavía vagando por la ciudad, tensión, enfrentamientos e inquietud y exasperación entre la población ceutí que se siente desamparada por el Estado.
Valgan como ejemplo las declaraciones de dos ministros. En palabras de Fernando Grande-Marlaska, titular de Interior: "Marruecos es un socio fiable". Y para el de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños: "No existe evidencia de que Rabat haya dirigido, liderado ni impulsado el salto a la frontera". También ha tildado de "estar faltando el respeto sin ninguna prueba a un país con el que hay que cooperar y tener buenas relaciones de vecindad".
Un sarcasmo.
Recordemos algunos datos acerca de nuestro vecino. Empezando por la situación económica en la que conviven proyectos faraónicos -construcción de un puerto gigantesco en Tánger o un tren de alta velocidad y mega estructuras deportivas-, con datos como un salario mínimo de 300 euros o un paro juvenil que alcanza el 37%. Circunstancias que delatan la precariedad en la que vive gran parte de la población y que explican el impulso que provoca la emigración forzada por las escasas expectativas de tener un vida digna que muchos la buscan en nuestro país. Según datos del INE, a finales de 2025, residían en España 1.165.995 personas nacidas en Marruecos de las que 968.999 tenían nacionalidad marroquí.
Las autoridades de Marruecos están tardando en preguntarse por qué tantos jóvenes se quieren ir del país. El régimen reprime con dureza las protestas sociales que reclaman hospitales y escuelas y denuncian la corrupción. A través de proyectos como la celebración del próximo Mundial de Fútbol promueve una imagen de modernidad mientras que en el interior la mujer sigue padeciendo una situación ancilar. No tiene derecho a casarse con quien no sea musulmán y se arriesga a ser detenida si se la ocurre beber o comer durante la luz del día en el mes de ramadán. Favoreciendo la marcha de un número importante de jóvenes como los que entraron en Ceuta desactivan el riesgo de estallido social en las calles de las ciudades marroquíes.
La pobreza y la falta de expectativas que empuja a miles de jóvenes marroquíes a emigrar se torna lacerante cuando se comprueba que la casta que gobierna acapara buena parte de los negocios del país. Con el rey a la cabeza, titular de muchas empresas. "Forbes" le atribuye una fortuna de 8.200 millones de dólares. Frente a la evidencia de que Rabat toleró la avalancha de migrantes que cruzaron ilegalmente la frontera de Ceuta que el Gobierno de España proclame que Marruecos es un "socio fiable" resulta irritante. Sabiendo que este episodio va camino de saldarse sin siquiera un reproche diplomático todavía resulta más inexplicable y abre paso a todo tipo de conjeturas, algunas de las cuales se adentran en el terreno de las sospechas de chantaje.
España todavía se rige por normas democráticas. La sumisión de Pedro Sánchez ante Marruecos reclama algo más que una explicación en el próximo pleno en el Congreso de los Diputados.
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