MADRID 1 Nov.
Seguimos consternados por la tragedia inexplicable e inexplicada en Urda y por el deterioro de los servicios públicos con un Gobierno que no funciona y que es incapaz de solucionar los problemas de los ciudadanos ni de asumir responsabilidades políticas. Pero en España siguen pasando muchas cosas y van a pasar muchas más antes de las elecciones y, sobre todo, después.
Una de esas cuestiones preocupantes es la situación en el País Vasco, donde gobierna una coalición de PNV y PSE y de Navarra, donde el PSOE le dio el ayuntamiento de Pamplona a EH Bildul- los dos, socios fundamentales de PedroSánchez, especialmente los herederos de ETA. Según la última encuesta del Gobierno Vasco, en las elecciones del 29N, EH Bildu habrá roto la hegemonía histórica y casi eterna del PNV en el País Vasco y pasará a ser la primera fuerza política con 7 escaños (5 en 2023), con los socialistas manteniendo los 5 actuales y el PNV bajando de 5 a 4. Sumar y Podemos pasarán de un 10,6 por ciento de los votos a un 5,1, con lo que su descalabro será también aquí absoluto y facilitará la victoria de Bildu. En Guipúzcoa, el partido de Arnaldo Otegui obtendría un 36,9 por ciento de los votos frente al 20,3 del PNV, e incluso puede superar al PSE y al PNV en Vizcaya y en Álava. El PP apenas podrá conseguir 2 escaños y Vox ninguno. Si trasladan ustedes estas previsiones a las elecciones autonómicas siguientes, es posible que Bildu -con el apoyo de los socialistas o, de un PNV venido a menos, o de los dos- pueda gobernar en el País Vasco y en Navarra.
El PNV no sólo pierde votos, también crece el abandono de sus fieles y su división con la guerra cada vez menos larvada de Ortuzar, el anterior presidente del EBB, y Aitotr Esteban, el actual. El PNV, la derecha-derecha de toda la vida, está más preocupado por no apoyar un gobierno en España con Vox que por su decadencia y la cada vez más factible derrota por Bildu. Sus dirigentes se han comido ya tantos sapos de Sánchez que parece que también admitirían serpiente como animal de compañía.
Bildu ha cambiado votos a Sánchez por excarcelación de presos etarras. Ya "sólo" exige la libertad de unos 39 que cumplen penas de prisión en régimen cerrado porque el resto, fruto de los pactos con el PSOE que traspasó las competencias penitenciarias al Gobierno vasco, primero fue trasladado a cárceles vascas, y luego recibió el tercer grado o la aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Ello permite saltarse los límites de cumplimiento de condena y se puede salir a la calle durante el día para acudir a un puesto de trabajo y sólo ir a dormir a la cárcel. En algún caso, como en el del asesino Txeroki, el puesto de trabajo es en un herbolario al que no acude, incumpliendo la condición fundamental de la norma. Que haya más etarras incumpliéndola no sería de extrañar porque la vigilancia sobre el cumplimiento es manifiestamente mejorable, por no decir fallida. Y esas concesiones a etarras con condenas de cientos de años, se han hecho siendo consejera de Justicia la socialista María Jesús San José y, por supuesto, con la anuencia de Sánchez y Marlaska. Y aún quedan por resolver 379 asesinatos. Mientras los etarras se pasean en libertad, las víctimas siguen teniendo miedo a hacerlo y hay lugares de Euskadi donde no todo el mundo es bien recibido.
Al mismo tiempo están cobrando fuerza los nuevos radicales, herederos directos o indirectos de ETA y de HB, grupos organizados y altamente violentos, con técnicas de guerrilla urbana, que cuentan con el apoyo de más de cuarenta grupos abertzales, que difunden mensajes de odio y que consideran que Bildu se ha vendido y es demasiado blando. Jardun es la cara visible y dos de sus militantes ya han sido encarcelados por presuntos delitos de terrorismo, pero hay más grupos del mismo corte, como el llamado Movimiento Socialista y su rama juvenil, Gazte Koordinadora Sozialista, la nueva "kale borroka" que grita de nuevo "Gora ETA militarra". La propia Universidad del País Vasco es un lugar de reclutamiento. Hay quien sostiene que ETA no mata porque ya manda y que la banda terrorista ahora tiene poder. Y que su legado pervive. De hecho, Bildu ha incluido en sus listas a tres etarras condenados por pertenecer a la banda terrorista o por su actividad de apoyo a la misma.
Es fácil imaginar cuál sería la situación si Bildu logra mayoría y está un día en condiciones de alcanzar el poder autonómico ¿Tendría el apoyo del Partido Socialista, como ya se ha producido en Pamplona, después de que Sánchez los blanqueara? ¿Aceptará el PNV ser el Vox de Bildu? El retorno a un pasado trágico cargado de odio que expulsó de Euskadi a más de doscientos mil vascos y asesinó a cerca de mil inocentes no puede ser aceptado ni apoyado por nadie que crea en la democracia y en la libertad. Nunca se puede volver a hacer creer a los vascos y al resto de españoles que los asesinos son héroes.
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