Francisco Muro de Íscar
Colaborador de Opinión · 25 columnas en 3 mesesTodas sus columnas →

Un país que funcione

· Actualizada · 3 min de lectura

Un país que funcione. Unos servicios públicos que funcionen. Un Gobierno que funcione y se haga responsable de sus actos: ¿es mucho pedir? La última tragedia ferroviaria pone de manifiesto que incluso Renfe y Adif, que hasta no hace mucho eran un ejemplo de calidad, han visto gravemente deteriorado su servicio.

El ministro Óscar Puente, que debería haber dimitido cuando la tragedia de Adamuz -por las deficiencias del servicio, que conocía; por haber mentido sobre las causas; por estar más preocupado de atacar en redes a todo bicho viviente; y, finalmente, por no ser capaz a estas alturas de decir lo que falló-, ha dicho hace unos días que son necesarios 1.800 millones anuales para mantener la red ferroviaria y 5.000 para paliar el déficit de la red de carreteras. Y ahora, otra tragedia terrible. Puente, tres años en el cargo, y su antecesor en la cárcel.

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Pero no quiero centrarme en el último accidente. Ni siquiera en la falta de respuestas efectivas tras la DANA y las subsiguientes catástrofes que han afectado a Cataluña y la Comunidad Valenciana sin que nadie haya asumido responsabilidades y sin que se hayan puesto en marcha las obras imprescindibles para que eso no se repita. Ni tampoco hablo de la invasión de Ceuta por Marruecos. Cada noticia nueva que conocemos pone de manifiesto que nada funcionó y, lo que es peor, que todo sigue funcionando mal. No hablo del déficit educativo, de la falta de atención a los problemas de la sanidad, con unos médicos en pie de guerra y una ministra incapaz que se gasta 300.000 euros de todos los ciudadanos en subvencionar una web que promociona el aborto.

No hablo de un Gobierno que se ha pasado toda una legislatura sin Presupuestos ni de una Policía y una Guardia Civil que se tienen que encerrar en el Ministerio del Interior para pedir jubilaciones dignas y que sean consideradas profesiones de riesgo. Ni de un Parlamento jibarizado por el Gobierno, con la complicidad de sus socios. Ni de la carestía creciente de la cesta de la compra o de la imposibilidad de comprar o alquilar una vivienda. Ni del intento de someter a la Justicia en beneficio de unos pocos. Ni de la incapacidad para mantener el orden público ante los violentos. Ni de los intentos de inflar el censo electoral artificialmente. Ni de una política exterior estulta. Ni del abuso del poder para aprobar medidas económicas de alto coste que tendrán que tragarse otros. Ni de muchas otras cosas. No caben en un artículo.

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Necesitamos un país que funcione. Instituciones sólidas y transparentes. Estabilidad económica, seguridad jurídica, independencia de los jueces y respeto al Estado de derecho. Cero corrupción y castigo a los corruptos, sean de un partido o de otro. Servicios públicos eficientes en educación, sanidad, vivienda, infraestructuras, especialmente las tecnológicamente avanzadas. Y confianza social. Y civismo. La Marca España, que antes era una garantía de éxito en política y en economía, se ha devaluado y ahora solo funciona gracias a la selección española de fútbol. Los multimillonarios fondos europeos, que eran una oportunidad única para modernizar el país, se han malgastado y no han servido ni siquiera para poner un parche al problema de la vivienda.

Necesitamos una sociedad sana y no enfrentada mitad contra mitad, violenta y artificialmente. Tenemos un país capaz de organizar grandes eventos o afrontar problemas importantes cuando todas las administraciones públicas colaboran lealmente. Necesitamos gobiernos que no dependan de chantajes y que promuevan el diálogo, el consenso y el civismo.

Si tras las elecciones hay un cambio de rumbo, con una mayoría suficiente, se equivocarán los nuevos si quieren cambiar el país sin la mitad de los españoles. Si incitan también ellos a la confrontación y el enfrentamiento. Si no son capaces de ayudar a conformar una sociedad cívica y tolerante donde quepan, de verdad -no como ahora-, todos los ciudadanos: los que son de aquí y los que vienen a trabajar y buscar una vida mejor; los jóvenes, con oportunidades reales; los séniores y los mayores. Sin descartes. Y se equivocarán gravemente los que se vayan a la oposición si su respuesta es agitar la calle.

Vienen tiempos difíciles. Necesitamos un país que funcione, un Gobierno que funcione y una sociedad que exija acuerdos de larga duración, que ponga barreras a los violentos y dé oportunidades reales a los que quieren crecer y hacer crecer.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

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Preguntas para el debate:

Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.

¿Crees que es posible que las próximas elecciones generen el cambio de rumbo que el país necesita para que funcionen de verdad los servicios públicos y las instituciones?

¿Qué área te preocupa más: la degradación de infraestructuras como Renfe, los servicios de sanidad y educación, o la falta de vivienda asequible?

Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.

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