La bandera de todos

Antonio Casado Colaborador de Opinión

MADRID 12. Oct.

Boletín horario Edición de las 12:00 Lunes 12 de octubre

Me causa malestar que una connotada voz del tertulianismo mediático afease hace unos días la actitud de un grupo que merodeaba junto a los acampados de la Puerta del Sol blandiendo banderas nacionales. Su argumento: eso era una provocación intolerable y, claro, quedaba sobradamente justiciada la reacción de quienes dieron rienda suelta a su legitima indignación antifascista.

Por lo que me cuentan, el señalamiento de los provocadores no fue acompañado del consabido reproche que todos hemos hecho a quienes se apropian indebidamente de los símbolos o incluso los utilizan como armas arrojadizas contra quienes no los comparte. Nada de eso, el asunto se quedó en la descalificación pura y dura de quienes tienen la osadía de ondear públicamente una bandera de España.

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Referirme a este episodio menor, pero significativo, es mi forma de celebrar la Fiesta Nacional del 12 de octubre. Viene a cuento en vísperas de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas sobre las que pesa la indisimulada fantasía territorial del Gran Marruecos y los recurrentes aldabonazos respeto a las que en el régimen alauí se consideran "ciudades ocupadas".

Pero tampoco he de quedarme ahí si trato de pronunciarme contra la mala prensa de los símbolos nacionales en ciertos sectores políticos y sociales, no solo en los consabidos territorios de arraigo independentista, como Cataluña, el País Vasco y Galicia, básicamente. Siquiera como baza retorica propongo a Luis de la Fuente como candidato votable a la Moncloa. No es el caso, pero sirve la moraleja.

Cuando la enseña nacional está proscrita entre los acampados de la Puerta del Sol, donde se usan banderas rescatadas del trastero de la historia: republicanas, anarquistas, comunistas y alguna que otra palestina, no estaría de más preguntar a quienes se ofenden por qué dicha enseña mueve a millones de españoles cuando viene asociada a los triunfos de la selección española de fútbol.

Millones de españoles que pueden discrepar radicalmente en todo lo demás, incluida la cuestión política. El fútbol consigue lo que lo que la política malogra: que personas muy distintas se reconozcan en un "nosotros" cuando juega la "roja". De ahí que uno vea en Luis de la Fuente, como en su día vio a Vicente del Bosque, a la figura que hoy por hoy mejor representa una forma de patriotismo compartido, interclasista y ajeno a la confrontación entre los concursantes del 29-N.

No es de derecha ni de izquierdas. Ni del Gobierno ni de la oposición. Querer una España que conviva democráticamente no pasa por el impostado arropamiento de algunos ciudadanos frente a símbolos que rechazan, sino por garantizar que nadie tenga que renunciar a ellos para evitar el reproche de terceros.


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Preguntas para el debate:

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¿Crees que la bandera nacional debería ser un símbolo compartido por todos los españoles independientemente de sus diferencias políticas?

¿Qué te parece que el fútbol consiga unir a millones de españoles alrededor de la bandera cuando la política no lo logra?

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