Cada vez estoy más convencido de que los fallos en comprensión lectora, como denuncia el Informe PISA, son muy graves y afectan a una mayoría, no sólo a los más jóvenes. Yo también estoy comprobando que fallo y no me entero de lo que leo.
Tengo delante de mí el editorial de uno de los grandes periódicos españoles bajo el título "Ante el inicio del fin". En él se escribe que el presidente "se ve ya ante el principio de su fin, y esto obliga a prepararse ante todas las provocaciones, tretas e intentos de quebrar las instituciones que se le ocurra cometer".
También añade que ha anunciado una maniobra "que solo cabe calificar de compra de votos". Sigue diciendo que "volvió a proclamar que bajo su presidencia el país está viviendo una edad dorada y concluye que "por mucho que lo repita, esa y otras mentiras cada vez tienen menos recorrido". Por si no es suficientemente claro el retrato, el editorial del citado medio, relata algunas circunstancias que rebaten lo de esa edad dorada y señala que "en medio de todo eso, el presidente concentra su interés* en engordar su ego y comportarse como el troll en jefe a base de salidas de tono y comportamientos erráticos". Mientras tanto, insiste el periódico, ignora lo que preocupa a los ciudadanos "desde la marcha de la economía a los desafíos de la inteligencia artificial, otro tema en campaña debido a los impopulares centros de datos".
"No es extraño, asegura, que las encuestas auguren una derrota presidencial" ni que el presidente "quiera convertirlas en un referéndum sobre sí mismo". Y cuando uno lee éstas y otras afirmaciones similares, concluye que el retrato de la decadencia y muerte del sanchismo es contundente. Pero, no. Falla mi comprensión lectora, ya lo he dicho. Totalmente. No sé leer y no entiendo lo que leo. PISA en estado puro, aunque algunas comunidades hagan trampas para que no se les vean las vergüenzas. Digo eso, porque enseguida un lector avispado lee un sumario que dice textualmente: "el desmontaje del trumpismo en su país y en el mundo requerirá tiempo y talento y el resultado es incierto". Todo lo que dice el editorial -que, pido perdón, en el título ya avisa de que se refiere a Trump y no a Sánchez, ha sido una licencia "poética"- se puede aplicar punto por punto a Pedro Sánchez, pero ni es así ni, seguramente, lo leamos nunca así. Al menos, en ese medio. Y esto último, lo del imprescindible desmontaje del trumpismo -una lamentable manera de hacer polìtica para beneficio personal-, cuando se produzca, si se produce, será tan difícil como el imprescindible desmontaje del sanchismo, cuando se produzca, si se produce. Porque en ambos casos habrá que tener muy claras las cosas que hay que hacer, las que se pueden hacer y las que Pedro Sánchez está preparando para que no se puedan hacer.
"Tal vez esté aquí para quedarse, dice con acierto el medio citado, Trump no está derrotado". Y Sánchez, tampoco. Desde el deterioro de las instituciones y de los poderes constitucionales; la okupación de órganos fundamentales -al menos veinticinco reguladores están controlados ya para la próxima legislatura por personas afines al actual presidente y serán difíciles de remover-; los ataques la Constitución y a la Corona por parte de los socios del Gobierno y de los propios ministros; el intento de descrédito de la justicia y la persecución de los jueces; la polarización, los insultos y el discurso del odio desde los sillones del Consejo de Ministros; una polìtica exterior absolutamente lamentable -al bochorno y la inacción con Marruecos, se suman ahora los favores a Delcy y el ridículo en Europa planteando un veto a la entrada de nuevos países si no se hace cooficial el catalán-; la incapacidad para aprobar unos Presupuestos en toda una legislatura, la vivienda, la educación, la sanidad, la fiscalidad... hay tantas cuestiones por desmontar y por cambiar que el desmontaje del sanchismo, como el del trumpismo no van a ser nada, nada fáciles.
"Hará falta tiempo, talento y el resultado es incierto". Y si a los que vengan les falta la inteligencia polìtica y la unidad para gobernar para todos los españoles desde la transparencia, la responsabilidad y el sentido común y no hacerlo desde el sectarismo, entonces sí que vamos a tener un problema aún más grave de difícil solución. No deberíamos fallar.
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