
La escritora argentina Mariana Sández narra un vuelo cancelado y el deseo de desaparecer en Falso nocturno
Un vuelo Buenos Aires-París cancelado por fuertes tormentas, una protagonista con una decisión vital que tomar, un hotel modernista de carácter onírico, el deseo de desaparecer. Con estos elementos construye la escritora argentina Mariana Sández (Buenos Aires, 1973) su última novela: “Falso nocturno” (Impedimenta, 2026).
La vida de la actriz y dramaturga Charo Almeida transcurre entre dos ciudades: en Buenos Aires tiene a su familia y en París, su trabajo. En uno de sus habituales desplazamientos, el avión que tiene que coger hacia la capital francesa no puede salir, y la aerolínea se encarga de procurar alojamiento a los pasajeros del vuelo. Es entonces cuando, en un impulso poco razonado, la protagonista no le dice nada a su familia ni a su pareja. Por lo que a ellos les consta, ella se ha subido a ese avión y está rumbo a París. En realidad, está en un hotel a pocos kilómetros de su casa. Pero ese lugar tiene algo extraño, como si no perteneciera a la realidad, con escenarios y personas que parecen sacados de la ficción y que la llevan inevitablemente a los dominios ambiguos de la literatura.
La lectura de esta novela puede ser literal, pero, sin duda, se puede interpretar también a partir de un simbolismo mucho más profundo, en el que el hotel sería aquella zona gris de la imaginación, y los huéspedes, los fantasmas de la protagonista. También Sández juega con esa ambigüedad, y engaña al lector de la misma manera que engaña a su heroína. Narrada la historia desde la psique de Charo, se presentan los recuerdos reales diluidos en esta atmósfera literaria, para la edificación de un misterio.
No obstante, a pesar de la profundidad de las reflexiones encontradas en la obra, su lectura no resulta en absoluto pesada, pues el cariz arduo y sesudo que podría tener la novela es rebajado por el estilo ligero y sorprendentemente divertido con el que está escrita. Es de valorar el equilibrio que logra la autora entre calidad literaria y amenidad para el lector, gracias a su configuración de personajes y situaciones tan peculiares y a la intimidad y transparencia de su prosa.
A medida que el lector va descubriendo de qué huye la protagonista, qué decisiones le esperan al retorno de su vida fingida, se va haciendo patente que el Hotel De Europa no es más que una vía de escape, porque ¿quién no ha sentido alguna vez la necesidad de poner su vida en pausa, de tener tiempo para pensar frenando momentáneamente el fluir de los acontecimientos? Charo ve la oportunidad y lo hace. Aprovecha esos días para ser nadie, pues se da cuenta de que lo que necesitaba para reencontrarse era olvidarse de todo lo que se esperaba de ella, de todo lo que se supone que sabía sobre sí misma. Finalmente, el juego no consiste en desaparecer, en “hacerse pasar por”, o en salir de incógnito a hacer turismo en Buenos Aires. En realidad, no se trataba de ser extranjera en la propia ciudad, sino de ser una extraña en la propia vida. Lo que necesitaba la protagonista era ver el problema con perspectiva, verse a sí misma en tercera persona. Sández plantea, por tanto, la pregunta de si acaso la mejor manera de reencontrarse a uno mismo es perderse primero.
En este sentido, que atraviesen en la novela tantos aspectos modernistas no es una casualidad: la estética del “fin de siècle” persigue la evasión de la realidad, la apariencia de un mundo más bello y soportable. Sin embargo, no se puede aspirar más que a un dulce engaño. De esta manera, la novela debe su título al poema homónimo del pianista y compositor Erik Satie, que termina con el ruego de “volvamos a nuestro ensueño, por favor”. Eso es lo que anhela Charo también, ese momento de pausa, de quietud, adentrarse en el universo del sueño y adormecer la vigilia. Al final, ese relato que se narra a sí misma, esa melodía agradable y tranquila que quiere escuchar, hacen posible que pueda desdibujar su identidad para que aparezca más clara después. Gracias a su desaparición, ha podido reencontrarse, aun sabiendo que después de su estancia en el Hotel De Europa tendrá que reanudar su vida, que esos cinco días no han sido más que un “falso nocturno”.
@estaciondecult
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