Debemos felicitar al PSOE por la eficaz campaña que está llevando a cabo, recordando una obviedad que cientos de miles de personas olvidan, y es que, en efecto, no todos los políticos son iguales.
Los políticos que se parecen bastante son los sinvergüenzas profundos, pero el resto, en sus defectos, son bastante poliédricos.
Por ejemplo, no es infrecuente que el político diga alguna mentira, pero es insólito que mienta de manera contumaz y persistente durante años y años, y afirme las falsedades con entusiasta firmeza.
Es bastante normal que los políticos caigan en la tentación de escribir o telefonear para recomendar a alguna persona, pero resulta raro encontrar el caso de un familiar, como un hermano, al que se le asigne una nómina con cargo al erario público sin que tenga que ir a trabajar, no ya por recomendación, sino por ordeno y mando del poderoso político. Otrosí, que además del hermano, esté casado con una mujer que aprovecha el cargo de su marido para organizar cursos con universidades, se haga pasar por catedrática -sin haber obtenido ninguna licenciatura en ninguna facultad- y saque provecho económico de ello.
También es frecuente que el político sienta compasión de otros colegas metidos en apuros, aunque sean de otros partidos, pero de ahí a inventarse amnistías porque necesita los votos de ese partido, y a que se instaure en el país que la malversación de fondos públicos se perdone siempre que el malversador sea separatista, resulta de una inconstitucionalidad e injusticia tan manifiestas y escandalosas que es muy difícil encontrar precedentes, salvo en las dictaduras comunistas o fascistas.
Casi todos los políticos gustan más de invertir en obras rápidas que puedan inaugurar, porque saben que el dinero que va dedicado al mantenimiento no tiene brillo ni es noticia. Pero de ahí a que se descuide el sostenimiento de carreteras y vías ferroviarias, y que esa desidia se traduzca en accidentes mortales tanto para quienes viajan por carretera como para quienes lo hacen por tren, es de una negligencia tan mostrenca que rebasa los límites del egoísmo más criminal.
Está claro que no todos los políticos son iguales. Ni los periodistas, ni los fontaneros, ni los criadores de reses bravas. Por eso, porque no son iguales, debemos huir de esa clase de políticos ponzoñosos, egoístas, tan soberbios que ni siquiera tienen piedad por las víctimas que van dejando atrás, ya que, además de no ser honestos, pueden destrozar nuestras vidas.
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