Solo nos faltaba ver de candidato a la Academia de Ciencias Morales al tuitero mayor del sanchismo, una vez subido a los altares por Sánchez en muy discutible asociación a la dignidad, el talante, la capacidad de gestión y la solidaridad con las víctimas de la tragedia de Urda.
Oyendo la apología que sobre la figura de Puente hizo este miércoles el presidente del Gobierno, daban ganas de reclamar la vuelta inmediata de aquel al cargo de máxima responsabilidad política en la movilidad de los españoles. Pero no es oro todo lo que reluce.
Y me explico:
La inesperada dimisión del ya exministro de Transportes llegó tarde y mal, confirmando una forma de gobernar. Un estilo orientado a la conservación del poder, aunque sea sin credibilidad. Mejor eso que no la conservación de la credibilidad, aunque sea sin poder. Eso es el sanchismo. Así se explica que se pueda saltar de la defensa a ultranza de la continuidad del ministro a celebrar su cancelación política en cuestión de horas.
Y no es que fuese novedad la mayoritaria posición de sus señorías en la Diputación Permanente del Congreso, incluida la de los propios socios del Gobierno 'progresista'. La exigencia de dimisión o el cese era un clamor desde que se produjo la tragedia ferroviaria del 28 de octubre.
Sin embargo, la monserga sonaba a todas horas en boca del presidente del Gobierno, que respaldaba la continuidad de Puente. Y del propio Puente, que también la defendía por no causar un daño a su partido, porque no era su estilo, porque el presidente le había pedido que siguiera y porque la dimisión es cosa de cobardes.
Todo eso salió de su boca. El mismo martes de la dimisión, hacia las 21.00, ya había repetido más o menos lo mismo a primera hora de la tarde en la rueda de prensa del Consejo de Ministros.
¿Qué había cambiado entre el cantón de la tarde y de la noche?
No es ningún misterio. Lo que había sembrado el pánico en la Moncloa era la verificación de que la tragedia de Urda estaba frustrando los planes de remontada sanchista en las urnas del 29-O. La permanencia de Puente ya era una fuente de males mayores que los de un eventual paso al lado. Y lo que antes era una dimisión 'injusta' (Sánchez dixit) de repente se había convertido en una cuestión de dignidad.
Mentira podrida. Respondía a un cálculo electoral, aun con la esperanza de taponar el agujero por el que el PSOE se estaba desangrando en los sondeos. Pero me parece que no va a ser suficiente con las tres prendas puestas sobre la mesa: el sacrificio de Puente, la palabra de Sánchez sobre la recuperación de la confianza y las medidas de ayudas a los damnificados y de remedios para evitar que se repita lo de Urda.
Al tiempo.
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