Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados y enésima oportunidad perdida de afrontar la variable política de los verdaderos problemas de los españoles.
La variable política es la debilidad parlamentaria del Gobierno a la hora de tomar decisiones que mejoren la vida de los ciudadanos. Y los problemas tienen que ver, precisamente, con el funcionamiento de los servicios públicos. La casuística es interminable: huelga de médicos, caos en los transportes, por qué el choque de Adamuz, por qué el apagón, por qué las listas de espera, por qué las insoportables colas de inmigrantes en la caótica regularización extraordinaria, etc., etc.
En su habitual cruce de los miércoles con Sánchez, la intervención del portavoz del PP, Núñez Feijóo, como aspirante a La Moncloa en nombre del principal grupo de la oposición, tocó las dos grandes cuestiones. Tanto el despropósito de seguir gobernando a espaldas del Parlamento por falta de apoyos como la huelga de los médicos, que en realidad era un pretexto para denunciar la extendida sensación de que España no funciona.
Pero, como de costumbre, el presidente se fue por las ramas. Se perdió en cifras y en retórica populista sobre el supuesto conjunto de bienes, sin mezcla de mal alguno, que el Gobierno de coalición progresista derrama a manos llenas sobre el pueblo soberano.
A falta de respuesta, Feijóo señaló una vez más la poca fe de Sánchez en los usos y costumbres que caracterizan el funcionamiento de la democracia. Por ejemplo, que la salida natural al desahucio parlamentario del Gobierno es convocar elecciones para que las urnas vuelvan a repartir cartas de cara a una nueva legislatura.
Nada de nada en ese sentido. Quiero decir que seguimos en las mismas y que Sánchez no se siente concernido por los "usos y costumbres" del sistema. Ni siquiera el día en el que los cinco diputados del PNV se unían a los siete de Junts en la respectiva desactivación de sus compromisos de apoyo parlamentario al Gobierno PSOE-Sumar.
Los dos partidos mencionados sugieren que, en estas circunstancias, lo suyo es convocar elecciones. Eso sí, dejando más o menos claro que no están por respaldar una eventual moción de censura de Feijóo.
Se ve que tampoco los nacionalistas vascos y catalanes entienden que la debilidad parlamentaria de Sánchez, debida entre otros a ellos mismos, sea causa suficiente para procurar que el sistema funcione y, por no hacer lo que toca. acabe convirtiéndose en una democracia malograda.
En este punto es inevitable evocar un pronunciamiento público del exministro socialista, Jordi Sevilla, cuando recuerda a sus compañeros que "antes que socialista hay que ser demócrata".
Por eso los más adictos a la causa del sanchismo le llaman "traidor".
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