Ya sabemos que sólo Tezanos con su CIS es capaz de medir la fortaleza electoral de Pedro Sánchez. Pero hay otros indicios que muestran la realidad. "Yo no soy una rata que huye cuando el barco se hunde", me dijo hace muchos años un ministro de Educación. Cuando los nacionalistas empiezan a mostrarse distantes o enfadaditos y mandan recados hay que temer que cualquier día te dejan en la estacada. Ya se lo hicieron a Rajoy, que no se enteró de nada ni hizo nada por evitarlo según su costumbre. Y de aquellos barros, la traición del PNV, vinieron estos lodos, el gobierno de Sánchez y sus aliados.
Todo parece indicar que, aunque los aliados de dentro y, sobre todo, los de fuera intentarán sacarle hasta las hijuelas y alargarán todo lo que puedan el chollo que tienen por la debilidad creciente del sanchismo, todos ellos se están poniendo de perfil y cuando llegue el momento no sólo renegarán de él y de sus desastres sino que alguno incluso se ofrecerá a Feijóo. De momento, a unos no les interesa El País, España, sino "su país" artificial, realidad lamentablemente consagrada por Pedro Sánchez en Barcelona, dispuesto a lo que sea con tal de seguir. Y a los otros sólo les preocupa seguir manteniendo todo lo posible un chiringuito que se derrumba y no tener que salir a buscar empleo, que lo van a tener muy difícil porque no tienen costumbre y algunos no saben lo que es eso ni el frío que hace en la calle.
El PNV se ha enfadado por un meme que les ha hecho su socio en el País Vasco, el PSE, con Aitor Esteban tirándose a la piscina, y ha suspendido una reunión con el PSOE para negociar un nuevo Estatuto vasco. También ha votado en el Congreso contra la prórroga de los alquileres, que todos sabían que no iba a salir. Junts ya prácticamente no vota nada con el Gobierno en el Parlamento y su portavoz ha dicho que hasta aquí hemos llegado porque están hartos de promesas y mentiras y porque Puigdemont no vuelve, lo que significa que este Gobierno está imposibilitado para gobernar no ya el país sino la comunidad de vecinos.
Ninguno de los dos partidos, ni tampoco ERC o Bildu, han cambiado de opinión por la no presentación de los Presupuestos Generales del Estado, por la corrupción en el PSOE y en el Gobierno, por los escándalos del apagón o de Adamuz, por el descontrol y el mal uso de los fondos europeos, por los problemas de la sanidad, por el intento de colonizar la justicia, por la regularización de inmigrantes improvisada y descontrolada, por los incumplimientos y las mentiras del presidente, por la okupación y politización de las empresas públicas o por haber convertido el Parlamento en una tertulia de bar, con los odios y los insultos como argumento.
Ninguno ha exigido responsabilidades porque esa situación todavía les beneficia. Pero ya están olfateando que queda poco. Así que afilarán armas para que el presidente sepa que le va a salir mucho más caro el tiempo que le quede, que él y ellos saben que no es mucho. Los otros socios, los que comparten Gobierno ni son informados y escuchados ni escuchan. Lo que les preocupa es el futuro sin Sánchez y sin un lugar en el Gobierno. Su futuro, tampoco el de los españoles. Cada uno se está buscando su sitio. La vicepresidenta, incapaz de articular dos frases seguidas con sentido y en manos de los sindicatos, viaja adonde le apetece por si después no se lo puede permitir. La ministra de Sanidad, con los médicos en pie de guerra contra su incapacidad para negociar, sólo pretende "echar" a Ayuso y ya se proclama candidata sin primarias ni nada y, por supuesto sin dejar el Ministerio. Lo tiene claro. Los otros ni están ni se les espera. Y todos ellos -desde Sumar a Podemos, desde Izquierda Unida a Compromis y a todos los chiringuitos de la extrema izquierda- están a ver si salvan algo de la quema.
En diez años, los indignados han indignado a los que les votaron pero les han permitido vivir en el paraíso político y económico. El poder no ha sido autoridad sino imposición e interés partidista, sectario. Decía el cardenal De Retz que "cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto".
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