“La boca llena de trigo”, cuando el talento se convierte en una carga

“La boca llena de trigo”, cuando el talento se convierte en una carga

La escritora y poeta Mayte Gómez Molina (Madrid, 1999), ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2023, presentó en marzo de este año su primera novela “La boca llena de trigo” (Anagrama, 2026), en la que invita al lector a reflexionar sobre el arte y la búsqueda de identidad en el mundo contemporáneo.

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

Esta novela narra la historia de Anna, una mujer que desde la infancia se ha servido de la pintura para expresar sus sentimientos y sentirse acompañada. Lo que en un principio constituía una vía de escape y un refugio termina transformándose en una carga cuando, durante su niñez, es galardonada con un premio en un concurso de dibujo. A partir de ese momento, Anna se esfuerza obsesivamente por alcanzar la perfección; lo que condiciona toda la relación con su arte y consigo misma. 

Veinte años después la protagonista recibe una oportunidad inesperada cuando María Manzoni (galerista que goza de fama y reconocimiento) descubre su obra y le propone exponerla en una galería. Con ello, Anna dispone de ocho meses para pintar doce cuadros. Sin embargo, la protagonista atraviesa una profunda crisis creativa que le impide pintar. Este encargo supone un nuevo punto de inflexión en su vida, ya que reactiva todas sus dudas, inseguridades y miedos. En lugar de sentirse eufórica por esta gran oportunidad, ella sospecha constantemente que algo saldrá mal y considera que Manzoni probablemente se ha equivocado al elegirla. 

En la obra son muy importantes los espacios relacionados con el mundo del arte: la galería La Dolce Vita o la universidad porque son lugares en los que Anna no se siente a gusto, en contraposición con otros como la casa de su amiga Cristina o la de sus padres, donde se siente confiada. El estudio es el espacio más significativo de la obra porque representa tanto su refugio como su perdición. Es un lugar íntimo, pero que le recuerda su incapacidad para crear y su temor a decepcionar a quienes depositan esperanzas en ella. Todo ello genera un entramado del cual la protagonista no puede escapar. Anna no solo se siente impostora por tener que enfrentarse al lienzo en blanco. También se siente fuera de lugar en esos lugares que pertenecen a una clase social distinta, cuyas preocupaciones y formas de entender el mundo le resultan completamente ajenas. 

Uno de los grandes temas de la obra es la reflexión que hace la protagonista sobre el azar y la suerte en el arte. La novela cuestiona la idea meritocrática del éxito al insistir en que este viene de la casualidad de que la obra adecuada llegue a las personas adecuadas (críticos, galeristas o mecenas capaces de legitimar el trabajo de un artista). Al mismo tiempo, se subraya la incertidumbre inherente al propio proceso creativo. El profesional del arte vive en una constante incógnita porque su espíritu creativo es incierto. Vivir del arte es complicado porque no es algo automático; es dejar parte del alma en cada una de las creaciones. El don de ser creativo no está permanentemente atado a uno mismo, sino que aparece cuando menos lo esperas. Esta idea está relacionada con la mercantilización del arte que Gómez Molina critica. 

En cuanto al estilo, “La boca llena de trigo” tiene una carga poética indudable y la autora hace alusión a muchas referencias artísticas que sirven para visualizar esos sentimientos de la protagonista y las situaciones en las que se encuentra. La novela es un conglomerado de reflexiones sobre el paso del tiempo, buscarse a uno mismo, sobre la complejidad de las relaciones humanas y sobre la amistad. Aunque sobre todo a través de la introspección trata de encontrar respuestas al motivo por el cual sigue pintando a pesar de que ya no disfruta de esta vocación. 

La metáfora constituye uno de los principales recursos expresivos del texto. De hecho, la autora ya hace uso de esta figura retórica para ponerle título a su obra “La boca llena de trigo” que simboliza el límite que uno está dispuesto a cruzar para sentirse validado y agradar a los demás.

Asimismo, el motivo del fuego también está presente a lo largo de la obra. La llama hace referencia a la ansiedad de Anna que le hace querer acabar con todos sus esfuerzos por encajar y no tener que hacerse cargo de sus responsabilidades. Del mismo modo, la novela desarrolla reiteradamente la imposibilidad de la protagonista por reconocerse en el espejo. Este motivo representa la idea de que Anna deja de ser ella misma, se oculta entre la multitud y solo es capaz de mostrar quién es realmente a través del lienzo (el cual la mayoría de las veces está en blanco). 

A excepción de la protagonista, el resto de personajes que aparecen en la novela carecen de profundidad porque el objetivo de la obra no es construir una historia detallada y compleja, sino poner sobre la mesa diferentes circunstancias a las que se tiene que enfrentar la mujer artista en la sociedad contemporánea. Igualmente, los personajes representan ideas fundamentales que permiten ahondar más en la psicología de Anna. 

La madre representa el hogar cálido y reconfortante de la infancia, que tiene que dejar atrás la protagonista ahora que forma parte del mundo adulto. María Manzoni es un personaje misterioso que nunca está presente, pero que es la representación más ejemplificativa de esas personas que Anna no quiere defraudar. Por su parte, Valentina, la hija de la galerista, es la antítesis de Anna; es una persona privilegiada que nunca se ha preocupado por el dinero y sabe que nunca tendrá que preocuparse. Es una figura idealizada por la sociedad, pero que es infeliz porque tampoco siente que tenga el reconocimiento de su madre. Es lo que tienen en común ella y la protagonista; la necesidad de sentirse validadas por María Manzoni: ese ser misterioso que podría bien simbolizar los estándares de la sociedad. 

Por último, Sandra representa la complejidad de las relaciones de amistad. Aunque es un personaje que no aparece hasta casi el final, la protagonista piensa en ella constantemente porque anhela su compañía y compartir con ella sus inquietudes. Sin embargo, Sandra se separa de ella porque estar con Anna es recordar sus fracasos; lo que ella quería hacer y no pudo. 

A pesar de su brevedad, “La boca llena de trigo” no está pensada para ser una lectura rápida. Es una novela en la que el lector tiene que sumergirse; es una ventana hacia uno mismo y, por ello, en ocasiones puede incomodar. Al final, representa al individuo luchando por esos estándares que nunca acaban y por hacerse un hueco en el mundo. En términos narrativos, la historia es muy estática, pero en este mundo, donde todo va tan deprisa, es imprescindible una novela que permita al lector pararse un momento y reflexionar sobre el transcurso de su vida y las razones por las que actúa de una manera u otra.

@estaciondecult