Una noticia buena y una mala. Justo el día en que la UCO, en su condición de policía judicial, registra la sede central del PSOE, mientras Sánchez se hacía el encontradizo con el Papa y en el Congreso se llevaba a cabo una espantada general a modo de ensayo de lo que sus señorías deberían hacer en caso de emergencia.
No está nada mal como metáfora de que esto no da más de sí.
Vamos con la primera de las noticias. La buena:
Dos instituciones dependientes del Ejecutivo se ponen funcionalmente a las órdenes del Poder Judicial, sin menoscabo del dogma civil que proclama la separación de poderes.
La Guardia Civil (UCO) y la Policía Nacional (UDEF), aparecen como un brote verde entre la desvergüenza. Su dependencia orgánica de un Gobierno invasivo en el plano institucional (AEAT, TC, RTVE, FGE, CIS, BdeE, etc) no basta para cancelar su compromiso con la legalidad. Concretamente, contra la corrupción en la vida pública.
En el contexto de una democracia casi malograda con peligro de degenerar en Estado fallido por el pecado narcisista de un Presidente del Gobierno que ha priorizado su supervivencia política sobre cualquier otro fin, digan conmigo que, a pesar de los pesares, el Estado de Derecho no claudica ante un dirigente con poca fe en los usos y costumbres del sistema.
Y ahora, la noticia mala:
El portavoz de ERC en el Congreso ha movido la raya roja de donde la habían colocado los socorristas de Sánchez como marca del hasta aquí hemos llegado. Gabriel Rufian dice ahora que el divorcio de sus siete diputados, suficientes para tumbar al "puto amo" en una eventual moción de censura presentada del aspirante, Núñez Feijóo, que la raya roja ya no es la financiación ilegal del PSOE.
Ahora el inesquivable motivo de divorcio sería una eventual sentencia condenatoria en alguno de las distintas causas judiciales abiertas contra el partido del todavía Presidente Sánchez o contra alguna decisión del Consejo de Ministros.
Mala noticia, malísima. No tanto por la traviesa movilidad de la raya roja en el discurso de Rufián, sino porque nos recuerda que la gobernabilidad del Estado depende de los enemigos del Estado. A la muy notable representación proletaria del nacionalismo periférico (Bildu y ERC por la izquierda, PNV y Junts por la derecha) no solo les trae sin cuidado la inestabilidad política en España y la creciente desafección de la ciudadanía con el funcionamiento de las instituciones. Es que, si todo eso se quiebra, incluso lo celebrarían en nombre de los respectivos sueños secesionistas en Cataluña y en el País Vasco.
No sé si me explico.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.