El cocido madrileño, uno de los grandes símbolos de la gastronomía de la Comunidad de Madrid y declarado Bien de Interés Cultural, vuelve a situarse en el centro del calendario culinario con la celebración de la 16ª Ruta del Cocido Madrileño, que se desarrolla hasta el 31 de marzo en 40 restaurantes de la región.
Este guiso castizo de tres vuelcos —sopa, garbanzos con verduras y carnes— ha recorrido más de 150 años de historia, pasando de ser un plato humilde a convertirse en referencia imprescindible tanto en el ámbito familiar como en la alta restauración madrileña. El año pasado reunió a 170.000 comensales y sirvió unas 90.000 raciones, y en esta edición la organización prevé alcanzar los 99.000 servicios.
Durante la Ruta, los clientes podrán votar categorías como ‘Mejor Cocido’, ‘Mejor Vuelco’, ‘Mejor Carne’ o ‘Mejor Sopa’, en una cita que combina tradición, competencia y orgullo gastronómico.
Entre las paradas obligadas figura Malacatín, en el barrio de La Latina, que sirve cocido desde 1895. Su propietario, José Alberto Rodríguez, cuarta generación al frente del negocio, presume de no haber cambiado ni la receta ni los proveedores en más de un siglo.
“La receta es la misma porque hemos tenido la suerte de mantener a nuestros proveedores, también de segunda y tercera generación”, explica. Para Rodríguez, la clave del éxito de un restaurante centenario es no modificar “ni la decoración, ni el servicio, ni la materia prima”.
Su cocido reúne productos de distintas regiones: morcilla de Asturias, chorizo de León, garbanzo de Zamora o tocino de Granada. Desde la pandemia, además, ofrecen servicio a domicilio.
En Chamberí, La Gran Tasca —abierta desde 1942— fue reconocida como Mejor Cocido en 2025. Su propuesta incluye 15 ingredientes en mesa y se cocina a diario respetando el fuego lento y la calidad de la materia prima.
Su propietario, Luis Álvarez, destaca que la clave está en “la suma de pequeños factores” y en una gestión eficiente que garantice continuidad. La temporada pasada elaboraron 20.000 cocidos entre septiembre y junio, con una media de hasta 200 raciones diarias.
En el barrio de Salamanca, Casa Carola se distingue por ofrecer exclusivamente menú de cocido desde 1997. Regentado por los hermanos Chilo y Jaime Rivero, sirve unas 800 raciones semanales en temporada, con un público mayoritariamente madrileño.
El menú incluye entrante, tres vuelcos, postre y copa de cava, y cada mesa cuenta con un “manual de instrucciones” para que el comensal elija cómo degustarlo. “No intentamos engañar a nadie: buen género, respeto por el producto y cariño al servirlo”, resume Rivero tras haber acumulado 12 premios en la Ruta.
Fuera de la Ruta pero imprescindible en cualquier recorrido gastronómico figura Lhardy, fundado en 1839 y considerado el primer restaurante elegante de Madrid. Por sus salones han pasado reyes, aristócratas y figuras históricas.
Desde 1920 sirve cocido durante todo el año en sopera de plata y con guante blanco. Su director, Gregorio Contreras, señala que han mantenido la esencia de la receta incorporando ingredientes de alta calidad como hueso de vaca gallega con tuétano, morcilla del Valle de Arán o jamón 100% ibérico de Jabugo.
“La experiencia es tan importante como el plato”, subraya. Incluso su servicio a domicilio incluye instrucciones precisas para recalentar el guiso al baño maría y disfrutarlo en su punto óptimo.
Con templos como estos, el cocido madrileño no solo mantiene viva una tradición centenaria, sino que reafirma su papel como emblema cultural y gastronómico de Madrid.