La editorial Libros del Asteroide acaba de lanzar “August” (2026), la última novela publicada por Christa Wolf (Gorzów Wielkopolski, entonces Prusia Oriental y ahora Polonia, 1929 - Berlín, 2011). La obra, escrita poco antes del fallecimiento de la autora, constituye a la vez un homenaje a su marido con motivo de su sexagésimo aniversario de boda y una vuelta a la niñez de Wolf.
A lo largo de su trayectoria Wolf ha cultivado la novela, el ensayo y los guiones hasta llegar a ser considerada una de las joyas de la literatura alemana de la segunda mitad del siglo XX. Fue miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania y en sus creaciones trató temas esencialmente políticos y sociales, tales como el fascismo y autoritarismo alemán, la necesidad de autonomía personal, el feminismo o el humanismo. Algunos libros notables son “Lo que queda” (1979), en donde habla sobre la vigilancia del gobierno y las confidencias a la policía secreta o “Medea” (1996), en la que reescribe el mito trágico griego focalizándose en el papel de la mujer, cuestión recurrente en sus escritos. Gracias a la calidad de sus libros recibió premios como el Premio Nacional de Viena para la literatura europea (1985) o el Deutscher Büchpreis (2002).
La trama de la novela gira en torno a August, un niño huérfano de ocho años que tras escapar de Prusia Oriental al término de la Segunda Guerra Mundial acaba ingresando en un hospital, asentado sobre un viejo castillo, para enfermos de tuberculosis. Allí conocerá a Lilo, una adolescente rebelde y bondadosa por la que empieza a sentir aquello que nunca pudo llegar a expresar con palabras.
La obra se encuentra escrita en tercera persona y se estructura mediante una alternancia del presente del protagonista (en el que August, ya anciano, lleva a un grupo de jubilados en un autocar desde Praga a Berlín), con su pasado: mientras conduce hace memoria de los momentos vividos en aquel hospital durante su niñez. Dentro de estos recuerdos se sitúan los temas principales de la novela, tales como la memoria, el descubrimiento de la amistad y del primer amor y la pérdida de la inocencia ante las consecuencias desastrosas de la guerra.
A raíz de los recuerdos de un anciano el narrador cuenta la historia no solo de August, sino de otros personajes de la novela, cada uno con sus propios matices y colores. Un ejemplo de ello es Lilo, la primera muchacha de la que se enamoró el protagonista; más adelante, el escritor comparará ese amor pueril con el que acabará sintiendo por Trude, la mujer con la que se casa. Esta contraposición sutil de perspectivas se observa durante toda la obra, la cual permite al lector contemplar las semejanzas y diferencias en la forma de pensar del August como niño y posteriormente del anciano.
Otro personaje relevante es la enfermera jefa, una mujer dura pero preocupada por los enfermos y que representa el sistema sanitario colapsado de la posguerra. Asimismo, en los personajes de Hannelörchen y Ede se observa el carácter crudo de la realidad de la época: una niña con una dolencia incurable y un niño que está dispuesto a llevar a los límites su insatisfacción con su propio carácter y vida.
En conclusión, se puede señalar que esta obra extremadamente conmovedora refleja con gran acierto y desde la mirada de un niño el claroscuro de las vidas de los enfermos supervivientes de la segunda guerra mundial.