Resulta complicado aprender a despedirse. Al final de los días compartidos, ¿cuántos somos los que preferiríamos marchar de repente y sin avisar? No es fácil encontrar las palabras para decir adiós, aunque nuestro autor, al rememorar la muerte de su padre, comience con la siguiente confesión: “Habría agradecido una nota”. Una nota de despedida.
Pol Guasch (Tarragona, 1997) es un escritor y poeta español en lengua catalana que en los últimos años ha publicado verdaderas joyas literarias, como la que fue su primera novela, “Napalm en el corazón” (Anagrama, 2021) o, posteriormente, “En las manos, el paraíso quema” (Anagrama, 2023).
En su última obra, “Reliquia” (Anagrama, 2026), narra un suceso traumático que le ocurrió a los quince años y que le ha marcado intensamente: el suicidio de su padre a los cuarenta y cuatro. Una desaparición que nadie fue capaz de prever ni evitar y que dejó a su madre y hermanos, y a él mismo, un terrible vacío, más por la ausencia de vivencias de una vida que ya no podría rellenarse que por aquello que pudo ser, pero que no sucedió. Así, Pol Guasch escribe este libro diez años después de la muerte de su padre a partir de todas aquellas preguntas sin respuesta que surgieron en el momento en el que encontró su cuerpo sin vida en una vieja cabaña familiar.
A través de un estilo directo que evita las repeticiones y conmueve al lector desde adentro, Pol Guasch abre su corazón en canal y habla sin miedo de secretos que llevan toda una vida luchando por ser liberados. De este modo, explica cómo opta por imitar a su padre tratando de acercarse a él, honrar su memoria y entender la razón de sus acciones. No obstante, en este intento infructuoso de comprender el por qué, el escritor se adentra en su propia historia familiar de una manera profundamente íntima, y se aproxima a la figura paterna a través del testimonio de otros escritores que también vivieron la experiencia del suicidio.
Y aquí es donde reside precisamente el núcleo de la historia: en cómo la literatura, los libros que nos rodean y los autores con los que dialogamos pueden ser de ayuda también en este difícil proceso de tratar de entender a aquellos con los que ya no se puede hablar, y, como consecuencia, a nosotros mismos. El mensaje está claro: la literatura es una herramienta eficaz a la hora de lidiar con la propia vida y es una ayuda fundamental para sobrellevarla. Este es un texto a caballo entre la sensibilidad de los recuerdos, que nos ayudan a comprender lo que fuimos, y la literatura que leemos, que nos adelanta aquello que, tal vez, seremos. En este sentido, esta dimensión metaliteraria, leída a través de notas que otros autores sí dejaron antes de marchar, ayudan al Guasch de diez años atrás a pronunciar el adiós que él nunca pudo decir. Y esto nos confirma, sin lugar a dudas, que el acto de escribir es una poderosa resistencia frente a la violencia y el silencio.