Sin apearse de su mirada al pueblo soberano como si fuera un parvulario, el todavía presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, selló con un beso de amor en Fuenlabrada el compromiso de contar con su esposa, Begoña Gómez, empapelada por los jueces por un supuesto delito de malversación y otro de tráfico de influencias, para la venidera campaña electoral del 29 de noviembre.
Expertos en estrategias electorales tiene este Gobierno para saber lo que le conviene o no le conviene a su partido de referencia, el PSOE, en la mercadotecnia de las urnas. Aunque mucho me temo que en esta ocasión han hecho un pan como unas ostias.
Me explico:
Se trata, evidentemente, de activar los resortes emocionales entre quienes, al igual que Sánchez y su camarilla, creen que la esposa del presidente es víctima de una persecución política. Pero una simple contemplación de la realidad a estas alturas de la película nos dice que esos efectos activadores siempre serán menos que los que también activan a quienes asocian la película -ya tocando a su fin- a numerosos casos de inmoralidad en los entornos del Gobierno 'progresista' y su partido de base.
Ya solo falta que Sánchez amplíe al expresidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, el anuncio de que contará con él en la campaña electoral, como ya insinuó hace unos días. Y también en este caso será como nombrar la soga en casa del ahorcado porque ambos, Begoña y José Luis, José Luis y Begoña, tan queridos por el 'puto amo' (ministro Puente dixit) forman parte del retablo de la desvergüenza que ha ido creciendo a lo largo de la legislatura ya felizmente fenecida.
Tengo entendido que la lectura de los clásicos no es el fuerte de Pedro Sánchez. Si lo fuera, tal vez se hubiera pensado dos veces lo del beso público -ojo, corrector, he dicho 'público'- a su esposa tras el comité-federal-mitin del pasado fin de semana en Fuenlabrada (Madrid). De haberlo hecho tal vez tendría perfectamente interiorizado y asumido el dictum de Spinoza: 'El amor nos debilita'. O el de Nietzsche: 'El amor es una trampa de la naturaleza'.
Pero ya no tiene remedio. Ahora el sensiblero beso de Fuenlabrada ha desempolvado el uso de la palabra 'alipori' que en su día Eugenio d'Ors importó de Italia. El uso de esta en redes sociales multiplicó las búsquedas a lo largo del fin de semana.
A saber: 'Es la turbación del ánimo o incomodidad que una persona siente por el comportamiento ridículo, inoportuno o desafortunado de otra'.
Donde no se ven las autopistas de la razón y el sentido común se ven los atajos del sentimentalismo.
Qué le vamos a hacer.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que el gesto de Sánchez en Fuenlabrada puede influir en el voto de los electores o te parece una estrategia que genera rechazo?
¿Qué peso crees que tiene la situación judicial de Begoña Gómez en la percepción que tienen los ciudadanos sobre el Gobierno?
Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)