El 'golpe de Estado' contra el Gobierno

El 'golpe de Estado' contra el Gobierno

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

De ninguna manera quisiera estar en la piel de cualquiera de los responsables en el PSOE a la hora de dar la cara ante la opinión pública y publicada. De hecho, la verdad es que muy pocos conocen a la portavoz del partido en Ferraz, Montserrat Mínguez, y ni siquiera a doña Rebeca Torró la 'número tres' que sucedió a Cardán y Abalos en la Secretaría de Organización.

Hace falta ser alguien con las características tan especiales como las que adornan al ministro Oscar Puente o, ya que estamos, como el mismísimo Pedro Sánchez, para poder ocupar ese espacio que consiste en intentar disparar la crispación hasta los cielos. O para sugerir en serio que hay un golpe de Estado, o similar, que procura derribar al Gobierno de Sánchez al margen de las urnas.

Hace tiempo que pienso que Puente no debería estar en el Gobierno, en un Ejecutivo de la cuarta potencia de la Unión Europea. Y también pienso que algunas burlas del propio Presidente del Gobierno y secretario general del partido que lo sustenta no son aceptables: ni hay golpe de Estado judicial-mediático alguno, aunque algunos reparos se puedan poner a ciertas decisiones judiciales y a no pocas demasías periodísticas, ni la oposición hace otra cosa, en su relativa impotencia, que deshojar la margarita acerca de si presenta por fin una moción de censura testimonial, para perderla, o no la presenta.

Estamos ante una situación especialmente fluida, acelerada por el 'cerco' a las actividades económicas del ex presidente Zapatero, antaño figura respetable y hoy ídolo con pies de barro. Demasiados juguetes rotos en la política española. No sé hasta cuándo se podrá mantener el actual 'statu quo' con fotografías diarias en los periódicos que muestran al hermano del presidente en el banquillo (aunque insisto en que yo no creo que haya causa penal posible contra él), a Leire Díez con su horrible anorak, a los diversos Martínez que se sientan en banquillos diferentes, a Begoña Gómez tratando de mantener una apostura institucional.

La sede de Ferraz es, me cuentan, un territorio desértico, aterrorizado. Están indignados ante la 'coincidencia' de la entrada de la UCO -que esa, la de la situación de la UCO y de los mandos de la Guardia Civil, es otra-con la visita de Sánchez al Papa en Roma. La palabra 'lawfare' se repite en muchas bocas, pero no atisbo ningún acto de contrición: en el PSOE todo se ha hecho mal, ha fallado la vigilancia, se permitió, cuando muchos advertíamos en contra, una demasiado larga permanencia en el poder de Abalos, de Santos Cerdán, una excesiva influencia política de un Zapatero también ya cuestionado. Y se fomentaron, no sé bien desde qué alturas, las maniobras orquestales en la oscuridad contra jueces, contra periodistas, contra mandos policiales.

Yo pensaba que Sánchez era un maestro en el manejo de los tiempos: ahora veo que va siempre con retraso. Se diría que le cuesta tomar decisiones arriesgadas, un campo en el que antes era un fuera de serie. Ni una remodelación del Gobierno, ni una cuestión de confianza, ni un debate sobre el estado de la nación. Solamente ha concedido, quizá un poco tarde ¿no?, una comparecencia ante el Congreso a mediados de junio, tras la visita redentora del Sumo Pontífice, una visita que, sospecho, el 18 de este mes tremendo que nos viene, que será cuando Sáncghez comparezca en la Cámara Baja, ya estará amortizada y olvidada.

Algunos comentaristas y fotógrafos se especializan en detectar signos faciales especiales en el rostro de Sánchez: se halla en un estadio de máxima tensión. He comprobado que mantiene bastante intacto su prestigio fuera de España (la posición anti Trump da muchos réditos),pero que, fuera de nuestro país, ni se entiende ni se pretende entender la enmarañada política nacional. Y es que esto no hay quien lo entienda, la verdad. Y pretender simplificarlo sugiriendo así, sin más, que hay un complot antigubernamental, no deja de ser una tomadura de pelo más. Como cachondearse de nosotros, diciendo el presidente que, si no convoca elecciones, es porque no quiere aumentar su ventaja sobre sus rivales, que a él solo le preocupa la política de Estado, no su conveniencia política.

No soy el único comentarista 'no alineado' que piensa, y dice, que Sánchez es ya mucho más problema que solución. Que, por patriotismo y pragmatismo, habría de dar un paso a un lado, aunque fuese a través de una complicada operación política, que las posibilidades de ejecutarla son variadas. Que fiarlo todo a las maniobras de asesores monclovitas y a declaraciones disparatadas como las acusaciones de intento involucionista es un serio error. Que así resulta, simplemente, inconcebible seguir. Pero, señores, increíble pero cierto, aquí y así seguimos. Lo dicho: no hay quien lo entienda.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.