Ilustres ignorantes

Ilustres ignorantes

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Decía mi madre que no hay cosa tan atrevida como la ignorancia. Era una alerta del sentido común, no de la jactancia, porque doña Antonia carecía absolutamente de adornos académicos. De haberlos tenido, sobre todo en el campo de la filosofía, los hubiera utilizado aquí y ahora contra los tontos contemporáneos que durante los últimos días y en nombre de la "Europa Laica" se vienes manifestando contra la próxima visita del Papa León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias.

El atrevimiento de estos ilustres ignorantes (nada que ver con el talento de Coronas, Cansado y Colubi) alcanza cotas inimaginables. No por su laicismo, que yo comparto, y en el que están en su derecho, sino por su impostado desprecio al Humanismo Cristiano (respeto a los derechos humanos, si así lo entienden mejor) en la Europa de las tres colinas que ha forjado los cimientos de la civilización occidental.

Me refiero al Gólgota, en la antigua Jerusalén, aunque personalmente me motiva más el monte donde Jesús de Nazaret pronuncio su famoso Sermón de la Montaña, un destilado de lo que siglos después se convertiría en grito igualitario y emancipador de los más débiles.

Ese Gólgota comparte su carga simbólica con la Acrópolis de Atenas, cuna de la democracia, y el Capitolio de Roma, donde se estableció que las normas de convivencia debían ser públicas, escritas y de obligado complimiento. Urnas, leyes y derechos humanos. Tres ideas inseparables del legado cultural que nos distingue de otras cosmovisiones. Y no hace falta explicar la profunda raíz cristiana del catolicismo para llegar a la conclusión de que en nada ofende la visita del jefe de la Iglesia de Roma a un país que se declara constitucionalmente aconfesional.

Es absurda la pretensión de diversos colectivos "laicos" que se han dirigido a los grupos parlamentarios para pedirles que le hagan el vacío a León XIV en uno de los platos fuertes de su visita oficial: discurso ante las Cortes Generales, reunidas al efecto el próximo día 8 de junio.

Hasta la propia sede del Congreso se acercó el presidente de la Asociación "Europa Laica", José Antonio Naz, a fin de pedir a los representantes del pueblo soberano que "valoren y consideren la asistencia a esa sesión especial". Bastaría recordarle que, además de un líder espiritual al que cada uno es libre de seguir o no, el Papa Prevost es un jefe de Estado y, como tal, encaja perfectamente en los usos y costumbres de una democracia normalizada la invitación a dirigirse al Parlamento del Estado que le recibe en una visita oficial.

Me abstengo de recordar a los miembros de esa asociación el arraigo del catolicismo en el pueblo español, antes, durante y después de la dictadura franquista, mal que le pese a Naz, empeñado como está en boicotear la visita porque a Franco le sacaban bajo palio en las procesiones.


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