Si los ciudadanos nos hubiésemos creído algunas de las "perlas"lanzadas como misiles por parte de los partidos de izquierda contra Isabel Díaz Ayuso, ahora mismo tendríamos que estar temblando o haciendo las maletas para huir.
La apabullante victoria de Diaz Ayuso, evitando el crecimiento de Vox, la contundente derrota del PSOE, sobrepasado por Mas Madrid, el rotundo fracaso de Iglesias y el hundimiento total de Ciudadanos -lo único lamentable- evitan hacer demasiados comentarios sobre los resultados del 4M en Madrid.
En un peculiar estado de crispación ideológica, similar al estado de crispación identitaria reinante en Cataluña, dimos por terminada el martes pasado la extenuante y embrutecida batalla por los votos de los españoles censados en la Comunidad de Madrid.
La espantada de Pablo Iglesias abandonando la política al ser abandonado por buena parte de sus seguidores no debería enmascarar la derrota de Pedro Sánchez, de pie junto a Ángel Gabilondo, el candidato del PSOE en las elecciones de Madrid.
Se cumplieron los rumores y expectativas: Pablo Iglesias deja la política. Se va hacia otros rumbos, aplastado por sus propios ex correligionarios. No será el único. Supongo que, más tarde o más temprano, algunos candidatos y sus mentores en estas elecciones de Madrid tendrán que replantearse su continuidad en la política: quizá el propio Gabilondo, que ha peleado la batalla que le han dejado pelear; Inés Arrimadas -es culpable de buena parte del desastre de Ciudadanos- debería moralmente haber dimitido ya, antes de que la 'dimitan'.
Podemos lleva camino de ser un partido irrelevante. El discurso incendiario de Pablo Iglesias les aupó hasta cotas de representación muy notables pero la posterior trayectoria arribista de éste líder les fue arrastrando hasta la situación en la que se encuentran.
Imposible disociar las elecciones autonómicas de este martes en Madrid de lo que vaya a ocurrir en la política nacional. Que no digo yo, desde luego, y aunque otros comentaristas sí lo hagan, que de la votación para elegir al/a la presidente/a de la Comunidad madrileña dependa la supervivencia a medio plazo de Pedro Sánchez; claro que no.
El resultado de las elecciones que se celebran en Madrid, en una u otra dirección, afectará al resto de España, impulsando un cambio de ciclo político. Si, como pronostican las encuestas, Isabel Díaz Ayuso candidata del PP, consigue retener la Presidencia sin necesitar el apoyo de Vox, habrá nacido una estrella potente en el panorama político nacional pues su victoria sería inevitable relacionarla con el pulso directo con Pedro Sánchez planteado a lo largo de la campaña.
A todo lector afrancesado le suena que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud. No parecía que Ángel Gabilondo, candidato socialista en las elecciones de Madrid fuera un afrancesado (librepensador, volteriano) porque su juventud discurrió por caminos más devotos, pero últimamente parece que hace méritos .
La carrera electoral en la Comunidad de Madrid dio un giro radical en la segunda semana de campaña con la sucesión de cartas amenazadoras dirigidas a Pablo Iglesias, a la directora de la Guardia Civil, a dos ministros del Gobierno, al expresidente Zapatero y a Isabel Díaz Ayuso.
Ahora que ya no se pueden publicar encuestas sobre la Comunidad de Madrid, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS para los telegramas) sigue haciendo encuestas sobre las elecciones de Madrid.
El próximo martes los madrileños tendremos que decidir con nuestro voto qué modelo de sociedad queremos: el Madrid de bajos impuestos, libre elección de médico y centro educativo con los mejores servicios públicos de España, o el modelo del sanchismo que quiere sojuzgar el Poder Judicial, arremete contra la prensa independiente y busca conformar una sociedad subsidiada y empobrecida que dependa del poder político. Una elección que trasciende a Madrid. Que nadie se engañe: Ángel Gabilondo es el candidato fake de Moncloa y Pablo Iglesias ya sabemos todos que tiene un proyecto de poder totalitario.
Ciudadanos es un partido integrado principalmente por personas que venimos de la sociedad civil, que acumulamos una cierta experiencia en nuestros respectivos ámbitos de trabajo, y que, en un momento dado, cada uno por sus propias razones, decide aportar esa experiencia y mucha voluntad a favor de sus conciudadanos. Por ello dimos un paso al frente, y nos afiliamos a un partido político. Pero esta no es, ni mucho menos, la única ni la más importante forma de contribuir al bien colectivo; de hecho, hay muchas más. Todos los días vemos ejemplos de acciones y actitudes altruistas aportando sus respectivos granitos de arena, que consiguen toda una “playa” de logros solidarios que consiguen que nuestra sociedad sea algo mejor que el día anterior.
El Gobierno aprobó ayer en Consejo de Ministros el Plan de Reconstrucción para acceder a los fondos europeos. La idea es enviarlo a Bruselas en unos días y resulta chocante que lo vaya a hacer sin consensuarlo con los partidos políticos, los representantes de los ciudadanos, ni con los sindicatos, ni la patronal.
Resulta inevitable hablar de 'navajeo en la campaña' tras la llegada al Ministerio de Interior de una nueva carta amenazadora, esta vez dirigida a la ministra de Industria, Reyes Maroto, y conteniendo una navaja presuntamente ensangrentada.
La verdadera salida del armario de Marlaska nada tiene que ver con su respetabilísima, libérrima y reconocida opción sexual. En absoluto. El destape del ahora ministro y antes respetado juez es otro y este sí que conlleva el descubrimiento de alguien y algo que había permanecido oculto y ahora se ha desparramado dejando perplejos y en muchos casos decepcionados y avergonzados a los que le profesaron admiración y respeto.
Empecemos reconociendo lo evidente: la pandemia ha golpeado muy duro la economía madrileña. Sus efectos se han asemejado a los de un terremoto, que es devastador por sí mismo, pero que puede serlo todavía más dependiendo de la resistencia y la calidad que tuviesen los edificios que lo sufren. Y desgraciadamente esta crisis ha demostrado que muchas de las bases de la economía madrileña y de nuestros servicios públicos eran más endebles de lo que nos decían.
Vaya por delante la obviedad de que enviar cartas con amenazas de muerte y balas dentro es un acto delictivo. Un acto que suscita, o debería suscitar, el rechazo y la repugnancia, no sólo de la clase política si no también de toda la sociedad.
Las mentiras de los políticos corrompen la democracia. Sí al ser descubiertas no hay rectificación retratan a quien las propaga y devalúan la confianza en el sistema.
La última encuesta del CIS sobre las elecciones autonómicas en Madrid del próximo 4 de mayo constata que el resultado está aún muy abierto. El dato, muy ajustado, indica que el bloque de izquierdas tendría hoy una ligera ventaja sobre el tripartito de hecho del gobierno saliente.
El Constitucional alemán, después de varios días de incertidumbre, ha dado finalmente luz verde al fondo europeo. España, como todos, tiene que presentar sus planes y reformas para acceder a los miles de millones que nos ha tocado en el reparto.
Algo muy gordo ha debido hacerle el idioma a Irene Montero, tal es el desprecio y la inquina con que la ministra lo trata. Aunque también puede ser que el castellano no le haya hecho nada, y que se trate solo de una manifestación más del filibusterismo político que la mencionada cultiva, mediante el cual se traslada a las palabras la responsabilidad y la capacidad de transformar la realidad, una cosa que solo pueden hacer los buenos escritores y los buenos poetas, y por pudor no lo hacen.
Lo del miércoles en Telemadrid va a ser de alquilar balcones. Palomitas, más bien. Todos contra todos, porque hay recelos en ambos bandos. Pero la resultante será la foto de dos bloques.
Iba a titularlo con el neutro y globalizador "tonto", como se hizo con aquel maravilloso premio, "El tonto contemporáneo", que no recuerdo que ganara ninguna mujer, pero en este caso hay que reconocer, en justicia y puridad, que sería impropio no otorgar los méritos y la gloria del descubrimiento a Irene Montero y poner el "la" como escudo, blasón y primogenitura de su nombramiento como "tonta tridimensional".