Después de un mes y medio sin sesiones de control al Gobierno y tras el letargo que imponen las fiestas navideñas, se ve que algunos diputados tenían ganas de bronca. Porque pasan los años, pero ese espíritu marrullero permanece inalterable en muchas señorías.
El mes de enero no suele ser bueno para el empleo. Este primer mes de 2021, el número de afiliados a la Seguridad Social se redujo en 218.953, el número de trabajadores en situación de ERTE aumentó en 35.625
La inteligencia de Su Señoría Íñigo Errejón Galván, lo confieso, me deslumbra. Discípulo ideológico de Ernesto Laclau, un teórico político argentino, que falleció en Sevilla hace seis años, la carrera de Íñigo Errejón es digna de estudio.
Lo que en términos políticos decidan los catalanes el próximo 14 de Febrero se quedará en Cataluña. Con alguna salvedad no será exportable al resto de España.
Las peculiaridades políticas de ésta comunidad no permiten extraer conclusiones de carácter general acerca de lo que piensan los españoles del Gobierno que preside Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez no aprovechó la salida "forzosa" de Salvador Illa para hacer un cambio de gobierno en serio, o en serie, es decir, para quitar a los ministros que han demostrado que no sirven y poner a otros que, al menos teóricamente, pudieran afrontar, con alguna garantía de conocimientos y de experiencia, la etapa de reconstrucción nacional que tiene que venir después de la pandemia.
La economía española se desplomó el pasado año un 11%. Una caída sin precedentes en decenas de años. El Gobierno está muy contento porque en el cuarto trimestre de 2020 el PIB creció 4 décimas.
Si yo estuviera empadronado en Cataluña, y me citaran para ser miembro de una mesa electoral, haría todo lo posible legalmente -y pensaría seriamente en algo ilegal, poco peligroso- con objeto de evitar una obligación ciudadana, que es un deber ineludible, pero que en las actuales circunstancias representa un peligro bastante grave.
Salvador Illa no habla, musita. Y con ese tono, del que solo se desprendió una vez que se enfadó mucho en el Congreso, se ha despedido de la ciudadanía como ministro de Sanidad.
Envidia produce lo mucho que le quieren sus técnicos al consejero de Sanidad de Ceuta: le dijeron que si él no se vacunaba, ellos tampoco. Eso es amor, y lo demás son tonterías.
El presidente del Gobierno decía el pasado jueves ante un nutrido grupo de directivos de multinacionales que "España se encuentra en una suerte de posicionamiento de liderazgo mundial".
Posiblemente ni siquiera la discutida medida de adelantar el toque de queda a las veinte horas sirva ya para frenar el brutal rebote de los contagios. Ni tampoco para evitar el riesgo de saturación de los hospitales.
El Gobierno decidió, adelantándose incluso a la petición formal de la Comunidad de Madrid y otras zonas de España, aprobar la declaración de zona catastrófica. Es curioso, aunque era su obligación y responsabilidad hacerlo, que apenas unos días después de la gran nevada tanto el ministro del Interior como el de Fomento pusieran en duda la necesidad de hacerlo.
La suspensión y aplazamiento, al menos hasta el final de mayo, de las elecciones catalanas es la demostración empírica mas contundente de la ineptitud absoluta y flagrante del ministro Illa, ese modoso inútil presentado y, ojo, comprado por muchos, como paradigma de la gestión de la pandemia.
El Fondo de Recuperación y Resiliencia que Europa aprobó hace ya meses por fin tiene reglamento. El Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea han dado su visto bueno y han dejado muy claro que el dinero se desembolsará cuando se presenten los programas, se aprueben y se ejecuten.
Hasta en los tiempos más duros, hay momentos luminosos. Estos momentos nos los han regalado los sanitarios, la UME, los voluntarios y todos aquellos que, una vez más, han demostrado su solidaridad, su empatía con los más débiles.
Cuando están en la oposición los políticos recurren a las críticas como la palanca que les acerca el día en el que llegaran al poder. Por el contrario, quienes están en el Gobierno reciben las críticas como una amenaza a su situación de confort y, en algunos casos -en España abundan-, como una amenaza a su única forma de ganarse la vida.
El año de la recuperación, según las previsiones del Gobierno, no ha podido empezar peor. No sólo estamos viendo cómo aumentan los casos de Covid y los hospitales se tensionan, lo que lleva aparejado nuevas y más duras restricciones, sino que nos ha asolado una ola de nieve y
frío que ha dejado congelada a España.
Si se proclama emperador a Nerón, seguro que acaba incendiando Roma. Sin embargo, Donald Trump, el último titular del trono del decadente imperio americano y trasunto de aquel perturbado de la lira, no ha acabado incendiando su capital, la democracia, la convivencia, la cordura, la política, la sociedad, la educación y el buen gusto, sino que empezó a hacerlo no bien fue designado presidente de los Estados Unidos.
Esta pasada semana conocíamos los pésimos datos de paro de diciembre y del cierre del 2020. Apenas unos días después los de la eurozona. Y España, a la cabeza. No sólo doblamos la tasa de paro de los países de la zona euro, sino que nuestro paro juvenil es superior al 40%, ganamos en esta trágica estadística hasta a Grecia.
Del lado de acá del Ebro llueven las críticas contra Salvador Illa, y contra su jefe político, claro está, por haber dado el salto a la política catalana, que seguramente nunca abandonó, dejando (más o menos) el Ministerio de Sanidad en pleno proceso de -lenta_vacunación de la población y con los rebrotes más furibundos desde que comenzó la pandemia.
Cuando el Presidente del Gobierno anunció por los medios audiovisuales -que domina con tanta maestría como todo lo que hace- que ya estaban las vacunas en España, y que en junio estaría vacunada más de la mitad de la población, sentí esa tranquilidad que siempre me inunda cuando escucho a Pedro Sánchez.
Sobre la celebración de la Pascua Militar, incluido el tradicional discurso del rey, que desempeña como capitán general el mando supremo de las Fuerzas Armadas, planeó el pronunciamiento "epistolar" y "digital" de unos cuantos militares insumisos.
La crisis económica provocada por la pandemia y las malas decisiones tomadas por el Gobierno para paliar sus efectos están detrás del desastroso año 2020 para el mercado laboral.
Soy bastante torpe en la realización de más de una tarea a la vez. No llego al grado de aquél presidente de Estados Unidos, del que se decía que era incapaz de andar y masticar un chicle, pero no voy mucho detrás.