La democracia es un procedimiento para dirimir las diferencias sin tener que acudir a la violencia. Por eso, cualquier agresión, cualquier intento de escrache realizado contra los participantes en actos políticos tales como mítines o conferencias resulta reprobable cuando no directamente delictivo.
Si yo, en este periódico, soy autor de calumnias o injurias sobre cualquier ciudadano, éste podrá presentar la correspondiente querella, y yo tendré que responder a la Justicia.
El refranero es una fuente de sabiduría popular. Uno de los refranes que más repetimos es ese de "Que Dios me libre de mis amigos que de mis enemigos ya me libro yo". Refrán que le va como anillo al dedo al candidato socialista a presidir la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo.
Los dos pícaros, Sánchez e Iglesias, están metidos en la campaña electoral, pero de manera diferente. Pablo Iglesias, que se piensa que es un demagogo de provecho y más listo que un ratón de campo, ha dimitido de vicepresidente para estar más libre en la campaña.
Mientras cualquier partido legal, de la ideología que sea, no pueda ir libremente --sin miedo a que sus miembros sean amenazados, agredidos o perseguidos-- a dar un mitin en cualquier lugar de Cataluña o del País Vasco --como sucede ahora en algunas ciudades-- o, incluso en Madrid, como acaba de pasar en Vallecas donde se ha tratado de impedir un acto de Vox con violencia y amenazas, no se debería decir que la democracia funciona, especialmente si la protección de la Ertzaintza, de los Mossos o de la Policía Nacional no existe o es incapaz de garantizar el ejercicio de un derecho democrático.
Queda menos de un mes para que desaparezca legalmente el estado de alarma que ha permitido las restricciones a la movilidad y el recorte de derechos en este fatídico año pandémico.
La vicepresidenta Calviño ha tenido que rectificar. El Gobierno ha reconocido que sus previsiones eran puro voluntarismo, un espejismo con el que hacer política y de la mala y finalmente ha modificado el cuadro macroeconómico que presentó junto con los Presupuestos Generales del Estado para 2021.
No acabo de creerme que el 9 de mayo concluya el Estado de Alarma, porque es lo que ha afirmado Sánchez, y pensar que Sánchez ha dicho una verdad resulta increíble. Más bien, supongo que el anuncio lo ha llevado a cabo al aroma de las elecciones madrileñas, y que, una vez pasadas, se volverá a reflexionar sobre la medida, amparado en las condiciones de la extensión de la pandemia.
La recuperación económica va para largo. No se salvó la Semana Santa, los casos no dejan de crecer y la exasperante lentitud en la administración de las vacunas pone en peligro el verano económico.
El relato es bien sencillo, dejemos las florituras para los sonetos con endecasílabos. El ministro del interior y la directora general de la Guardia Civil siguiendo sus instrucciones ordenan al jefe de la Guardia Civil de Madrid, coronel Pérez de los Cobos, que le de información sobre una investigaciones que un juez le ha ordenado expresamente y por escrito que permanezcan en absoluto secreto.
El paso de la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por los Desayunos de EuropaPress, confirmó la potencia de su discurso populista. Nunca mejor dicho lo de populista, al elegir la vía más directa y menos sofisticada de llegar a los votantes.
Soy muy de pasear por Madrid, de acudir al teatro y de, a la salida, darme una vuelta por el barrio de las Letras, y no me he tropezado, ni esta semana, ni en los treinta años anteriores, con ningún francés borracho.
Hay noticias que uno, en su ingenuidad, pensaba que sólo podían ser cosa de otros tiempos. Me refiero al caso fechado en Madrid de una irrupción de la policía en un domicilio particular derribando la puerta con un ariete y sin la preceptiva resolución judicial.
Enrique Fuentes Quintana, vicepresidente del Gobierno que presidía Adolfo Suárez, al abandonar el cargo, dejó apuntalados los que conocemos como "Pactos de La Moncloa ", una hoja de ruta que en tiempos de la Transición permitió encauzar la maltrecha economía española.
El Congreso de los Diputados aprobó esta semana el plan de 10.000 millones de euros en ayudas de los que 7.000 millones serán ayudas directas. Fondos que irán destinados a pymes y autónomos y que se repartirán en función de una serie de condiciones.
El desfile de presidentes, secretarios generales y destacados dirigentes del PP por la Audiencia Nacional, en el proceso que investiga la caja B de esta formación y el cobro de sobresueldos, está siendo desolador.
La batalla por Madrid está librando sus primeros compases. Ni siquiera se ha iniciado la campaña electoral y los distintos candidatos ya empiezan a asomar la patita. El aspirante del PSOE nos cuenta que no le gusta Pablo Iglesias y que no piensa subir los impuestos a los madrileños.
Nunca tantos se han unido para lograr un objetivo común, en este caso "echar" a Isabel Ayuso de la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Aunque algunos se lo atribuyen a Peter Drucker, fue el físico y matemático británico William Thomson Kelvin quien, a finales del siglo XIX, y ya ha llovido, lanzó ese mantra del marketing actual: "Lo que no se define, no se puede medir.
El Gobierno parece decidido a no incorporar en la futura Ley de Vivienda la limitación del precio de los alquileres. El ministro Ábalos ha explicado estos días que la medida no ha tenido precisamente éxito allá donde se ha instaurado.
Otra decepción más. Esta vez a cuenta de Inés Arrimadas. Hasta no hace mucho me encontraba entre quienes creían que Arrimadas tenía una cierta consistencia política y que iba a ser capaz de hacer de Ciudadanos un partido con influencia en la vida pública, capaz de entenderse a derecha e izquierda.
El Gobierno aprobó el viernes en un Consejo de Ministros extraordinario el plan de 11.000 millones de euros en ayudas a empresas y autónomos que el presidente había anunciado 17 días antes en el Congreso de los Diputados.
La moción de censura que presentó el miércoles Ciudadanos contra el gobierno del que formaba parte en Murcia ha provocado un seísmo que tuvo réplicas, de diferente naturaleza y calado, en Madrid y en Castilla y León.
Siempre he sostenido que si el sindicalismo no existiera habría que inventarlo, pero eso no quiere decir que todas actuaciones sindicalistas sean benéficas, loables y dignas de alabanza.