Sin prisas, pero sin pausas, el avance progresista es imparable y, efectivamente, está cambiando a la sociedad. Matar a una rata va a ser más peligroso que malversar dinero público para tu partido, y, desde luego, como seas un pastor rencoroso que mates al lobo que te destroza el ganado cada semana, más te valdría participar en un golpe de estado, civil y separatista, que tendrá mucho menos castigo.
El Banco de España publicó el viernes los datos relativos a la deuda pública de España que asciende ya a 1,569 billones de euros en el segundo trimestre del año, lo que supone un 111,2% del PIB.
Cualquiera que sean los acontecimientos de este viernes va a ser un viernes de dolores. O para unos o para otros. Porque, al fin y al cabo, duele perder una votación, la que sea. Y a muchos nos duele la inquina y la brecha abierta entre los conservadores españoles separatistas, que se creen superiores, y más listos, de los conservadores españoles tradicionales, o sea europeos, y, por tanto menos pueblerinos, menos catetos de ombligo.
Absténganse los enterradores políticos y mediáticos del líder del PP al que vienen señalando el camino de vuelta a Galicia. En mi humilde opinión, no deshabitada de prejuicios desfavorables, su liderazgo sale reforzado de la sesión de investidura.
Al negarse a dar réplica a Alberto Núñez Feijóo en la sesión de investidura, Pedro Sánchez ha cruzado otra línea roja. En este caso, la del exigible respeto a las normas y usos parlamentarios democráticos.
El candidato a la presidencia, Núñez Feijóo, presentó en el Congreso su programa de gobierno. Muy probablemente no lo podrá llevar a cabo por falta de apoyos, aunque podría lograrlo, si hubiera decidido renunciar a ambiciones personales y renegar de los principios constitucionales, un precio que, como dijo Feijóo, no está dispuesto a pagar.
Alberto Núñez Feijoo merecía una réplica del presidente del Gobierno, y no de un telonero. El candidato y líder del PP presentó una propuesta quizá mejorable, pero seria y trabajada. Una alternativa que hubiera debido suscitar mayores ilusiones, pero alternativa al fin a lo que tenemos y a muchos no les gusta por muy diversos motivos.
Coincidiendo con la llegada del otoño se habla de la puesta en marcha de dos nuevos proyectos políticos. Llegarían del brazo de la añoranza de algunos ciudadanos que estuvieron en la política y de otros que sin haber estado en la primera línea sí que participaron en diversas aventuras políticas.
El INE publicaba esta semana una catarata de revisiones del dato de PIB de los últimos tres años. Lo más relevante que quería expresarnos, a mi juicio, es que España recuperó los niveles previos a la pandemia ya el año pasado y no en 2023.
No, no soy un exagerado, ni me he sentado a escribir este artículo, después de venir de una despedida de soltero, o una reunión de antiguos alumnos. Simplemente, soy un aficionado a la Historia, me gusta leer, todavía no he perdido la memoria, y asocio unos hechos con otros.
La inteligencia artificial es sólo un corta-pega, pero también un arma de destrucción masiva que se pone en manos de cualquiera. La locura de las nuevas tecnologías, que percute particularmente en los más jóvenes, hace el resto.
Es absolutamente normal y muy frecuente que las estadísticas de distintos indicadores como el PIB se ajusten un tiempo después de que se publique el avance. Muchas veces los institutos encargados de elaborar los datos lo hacen público sin tener cerrados algunos datos o cómo han evolucionado los días finales, en este caso del trimestre.
Hay políticos de los que se diría que el pasado les sienta mejor que el presente. Es el caso del presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. No está teniendo suerte. Habiéndola tenido y sobrada antes en Galicia, su tierra natal.
Hace poco, en una entrevista, dije con plena consciencia que las redes son, hoy, el refugio de canallas y cobardes. No venía de una despedida de soltero, ni de una cena conmemorativa de alguna promoción, porque me recuerdo a mi mismo de mañana, descansado y sobrio.
Empiezan las lenguas cooficiales en el Congreso. Catalán, euskera y gallego. La cosa, complicada técnicamente, cuesta un millón de euros al año. Perfectamente asumible, a mi entender, si con eso se contribuye a una integración regional y cultural en el templo de la democracia.
Exageran quienes aseguran que Pedro Sánchez haría cualquier cosa por conservar el poder. Puede, sí, que para lograr el apoyo de Puigdemont a su investidura, esté dispuesto a hacer concesiones extremas, incluso imposibles, pero, humano al fín, hasta él tiene sus límites: por nada del mundo aceptaría que Irene Montero y sus amigas volvieran a ocupar el Ministerio de Igualdad.
Bajo la Dana, el tren de borrascas y tormentas, que vamos a vivir, estamos viviendo ya, es la de las mentiras. Un oscuro e inmenso frente de falsedad, ocultación, tergiversación y mendacidad que se va a abatir sobre todos nosotros hasta empaparnos, calarnos hasta los huesos para que acabemos por decir que lo que vemos, olemos, palpamos, catamos y oímos no es lo que parece y es, sino todo lo contrario.
El Banco Central Europeo decidió el pasado jueves subir los tipos de interés otro cuarto de punto hasta el 4,5%. Es la décima subida y pone el precio del dinero en niveles de hace 23 años. El organismo bancario europeo no acaba de conseguir su objetivo de reducir la inflación.
Según los medios afines a Sánchez y alrededores, la Ejecutiva del PSOE tomó el lunes la decisión de expulsar a Nicolás Redondo Terreros, exlíder de los socialistas vascos, "por su reiterado menosprecio a las siglas del partido".
El próximo mes de octubre se cumplirán 103 años de la histórica entrevista entre el socialista Fernando de los Ríos y Lenin. Fue un viaje largo, primero a París, y, luego, trenes que le llevaron a Berlín, de allí a Tallín, de Tallín a Petrogrado y, por fin, Moscú.
La última rebaja de pena -un año- a uno de los condenados por participar en la violación grupal del caso conocido como la "Manada" eleva a 1.155 el número de presos condenados por delitos sexuales que se han visto favorecidos por la revisión de condenas tras la entrada en vigor de la ley impulsada en su día por la ministra de Igualdad, Irene Montero.
El Gobierno estaba el lunes muy contento con las previsiones que publicaba la Comisión Europea sobre la evolución la economía española. El PIB de España estima que aumentará un 2,2% para este año.
La ensoñación del independentismo sigue viva en Cataluña, pero a juzgar por el número de ciudadanos que en Barcelona participaron el lunes en la Diada ha decaído mucho en relación con actos similares de otros años.
Llevar hasta el Tribunal Constitucional un tema en el que seguro que vas a recibir un revolcón (y encima, por unanimidad), como era el recurso contra el recuento de votos en Madrid, es una muestra más de la precipitación y agitación a las que han llevado los resultados electorales de hace poco más de mes y medio y que han derivado en una escalada irreflexiva hacia el poder por parte de quienes lo procuran.