En unos pocos días empieza todo. Constituidas las Cortes, elegido el presidente del Congreso y los miembros de la Mesa --y superado el espectáculo que darán algunos diputados con las fórmulas de juramento tan inconstitucionales como estúpidas-- empezaremos a saber de verdad si las matemáticas les salen a unos y otros.
Reconozcamos, en primer lugar, que no nos estamos enterando de nada en el reino de la opacidad. Aquí se cruzan las llamadas, hay una negociación en toda regla en marcha que podría decidir la configuración de España como un Estado diferente y todo queda en declaraciones vaporosas, en términos como 'Pedro Sánchez sopesa', 'Junts baraja' o 'Feijóo medita'.
Poco a poco, la sociedad occidental se va degradando, cada semana un poco más, de censura en censura, hasta el desastre de la derrota final. Se comenzó con lo políticamente considerado correcto y, de tontería contemporánea en tontería contemporánea, vamos hacia el puritanismo estúpido, donde hay que censurar a Walt Disney o -hablamos de España- ocultar la estadística, porque si afirmas, en público, que las mujeres asesinan a sus hijos en un porcentaje mayor que los hombres -dato cierto, proporcionado incluso por el Ministerio de Justicia- serás un facha casposo, y un caso irredento de incorrección política.
Se dice que Iván Espinosa de los Monteros es liberal, y él lo asume, pero de liberal no tiene nada, o, cuando menos, en el sentido de la tradición liberal española. Para haber fundado Vox, que se reputa tarro único de las esencias patrias, el recién dimitido tal vez debiera mostrar alguna sumisión a esos dos conceptos, el de "tradición" y el de "española".
Diríase, a tenor de lo vertido en numerosos comentarios sobre el particular, que lo peor del asesinato del cirujano colombiano Edwin Arrieta es que se haya cometido en Tailandia. Semejantes insinuaciones, o aseveraciones en algunos casos, se proyectan desde la óptica del asesino, en éste caso presunto aunque confeso, es decir, de sus intereses, y desprende un inconfundible aroma patriotero.
Cerca de millón y medio de jóvenes de todos los países del mundo, cien mil españoles, han ido a Lisboa para encontrarse con el Papa Francisco en otra impresionante Jornada Mundial de la Juventud.
Soy titular de varias cuentas corrientes en cuatro bancos diferentes. Como tengo poco dinero, no les doy excesivo trabajo y, para compensar, tampoco mis magros depósitos les alcanzan para lanzar una opa, más allá de un puesto callejero o de un bar de barriada.
Desde que los tribunales le torcieron el brazo al juez en excedencia, Marlaska, por su pretensión de que un coronel de la Guardia Civil faltara a su honor, y le entregara una información que sólo tenía como destinatario al juez encargado de la instrucción, el ministro de Interior produce la desagradable sospecha de que actúa contra el cuerpo de Guardia Civil, motivado por un oscuro rencor.
Siempre traigo a colación a mi amigo, un periodista noruego afincado en España que, aunque retirado, sigue enviando esporádicamente colaboraciones a medios de su país. Sus diagnósticos, lejos de la batalla cainita que asola nuestros pagos nacionales, suelen parecerme más certeros que los de muchos 'diagnosticadores de parte' que pueblan los cenáculos y mentideros de la Villa y Corte.
La ola ganadora, los sondeos, la división de la derecha, la movilización de la izquierda son algunas de las razones de los resultados de las elecciones generales del pasado domingo. Parece que la derecha tiene más que complicado gobernar ya que no dan los números después de que PNV se niegue a apoyar a un PP que necesita a Vox.
Una de las batallas más largas de la I Guerra Mundial fue la batalla de Verdun, que se prolongó a lo largo de casi todo el año 1916. Costó la vida a unos 700.000 soldados, entre franceses y alemanes, y el general Philippe Petain logró detener el avance de las tropas alemanas, e hizo famoso el lema "On ne passe pa" (No pasarán).
Pedro Sánchez ha obtenido una resonante victoria. Da igual que haya perdido por 14 escaños y 300.000 votos pelados. Ha conseguido sus objetivos. No solo ha mantenido su base electoral, la del PSOE, que ha aguantado de manera firme, sino que la ha aumentado.
Aunque parezca mentira, con más votos y más escaños que el titular Sánchez, el aspirante Feijóo se quedó a media salida en su intento de conquistar el Palacio de la Moncloa. Nunca una victoria fue tan amarga como la lograda por el PP.
"Incierto se presentaba el reinado de Vitiza..." como el panorama político español a partir del resultado de los comicios del domingo. El PP ha ganado las elecciones pero en los términos parlamentarios que se traducen los resultados no garantizan que Alberto Núñez Feijóo pueda formar Gobierno.
Menuda noche electoral. En primer lugar, para los encuestadores, claro. Pero, sobre todo, para los ciudadanos. Porque el fantasma de una nueva parálisis se cierne sobre el futuro político de España a menos que los políticos den una lección de realismo y sentido común, que no ha sido la tónica hasta ahora.
Las campañas electorales son muy duras, y los candidatos llevan a cabo actividades que sólo volverán a repetir en la próxima campaña. Mi ingenuidad creía que, llegada la era digital, habría un cambio notable, y para ser ministro o presidente no sería necesario ponerse un casco, meterse en un ascensor, que te lleva a más de 50 metros de profundidad, y recorrer el túnel de una mina, en compañía de sudorosos cámaras, periodistas, sindicalistas, y gentes que viven de extravagancias semejantes.
Según los términos de la Real Academia, un autócrata es "aquella persona que ejerce por sí sola la autoridad suprema de un Estado; se daba especialmente este título al emperador de Rusia". Traigo a colación esto porque compruebo que un documental, que no pudo estrenarse en los cines comerciales por falta de los permisos oficiales correspondientes, está batiendo récords de audiencia en las redes 'paralelas', que es donde de verdad se ven y escuchan tantas cosas hoy en día.
España está este semestre ostentando la presidencia rotatoria de la Unión Europea. Recuerdo cuando no se podía decir que Pedro Sánchez podría adelantar las elecciones porque cómo iba a dejar pasar el momentazo europeo.
La política puede llegar a ser implacable. Hace ocho años el movimiento Podemos irrumpió como un huracán en la vida política española. En 2015, con 69 diputados y más de cinco millones de votos, se convirtió en la tercera fuerza política.
A Sánchez le trastornó la sombra negra de la ultraderecha. Nada tan antipolítico como querer ganar unas elecciones gritando los defectos ajenos y aparcando las virtudes propias. Hasta la Junta Electoral Central le señala por mezclar su extemporánea obsesión antifranquista con su rol de jefe del Gobierno, usado para decir que España retrocederá al tiempo abominable de la dictadura si acaba gobernando la alianza PP-Vox.
Cada día, en España, un niño, o dos, es secuestrado por su madre o por su madre. Cada día. No quiere decir que los escondan en un sótano oscuro, y los dejen sin comer y pidan un rescate, sino que no se lo devuelven al padre o a la madre, porque se niegan a acatar la custodia compartida, dictada por un juez.
"El tabique que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia es realmente fino". Y, además, fácilmente quebradizo. La frase es de Haruki Murakami, el reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras y resume, de alguna manera, lo que fue el debate entre Sánchez y Feijóo.
Tras el debate de ayer con Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo está más cerca de la Moncloa. Media España pudo ver a un político sereno que con solvencia, sentido del humor y buenas formas desarbolaba las embestidas de un Pedro Sánchez que compareció nervioso y con un discurso que en algunos momentos parecía errático.
Lo primero reconocer el buen hacer de Ana Pastor y Vicente Vallés como presentadores del debate electoral organizado por Antena 3 entre el Presidente del Gobierno y el líder de la oposición.