La inopinada convocatoria anticipada de las elecciones generales -inopinada e intempestiva dada la fecha, un 23 de julio, en plena canícula-, suscitó la duda de si favorecería la abstención.
Los toreros de salón mueven la chaqueta en el patio de la tasca, demostrando lo valientes que serían ante el toro, si en lugar de chaqueta tuvieran una muleta, y los ecologistas de despacho decretan la destrucción de embalses y azudes, exhibiendo lo preocupados que están por la ecología del planeta, y la escasa importancia que les produce la ruina de pueblos españoles.
No me gustaría tener un gobierno de la nación con Vox. Tampoco en las comunidades autónomas y, en menor medida en los ayuntamientos. Lo he dicho varias veces. Ni por su estilo ni por sus formas ni por algunas de las propuestas que lleva en su programa.
Colocar dos elecciones tan decisivas a menos de dos meses de distancia ha situado al país en una interinidad política que mostrará, de nuevo, que España funciona al margen de quienes pretenden representarnos.
España es el único país de la Unión Europea donde en algunos de sus territorios está penalizado el uso de la lengua del Estado. Ni en Bélgica, con los flamencos; ni en Reino Unido, con los escoceses, ni en Francia, con los corsos, existen este tipo de problemas que avecindan con la demencia y la proscripción del sentido común.
No sabemos si las elecciones, adelantadas por intereses personales del presidente Sánchez, solucionarán o no los problemas de España y mejorarán las condiciones de vida de sus ciudadanos, pero lo que está claro es que, al ir inmediatamente después de las locales y autonómicas, bloquean durante meses la vida política y económica de todo un país y, seguramente, provocan más problemas de los que pretende resolver.
Sobre el vuelo de cuchillos en que se han convertido las negociaciones de "yolandistas" y "pablistas" para recomponer la oferta electoral a la izquierda del PSOE planean las proyecciones demoscópicas de cara al 23 de julio.
Llegaron en 2011, año fundacional del movimiento 15 M, exigiendo "democracia real" porque -ellos- "no eran marionetas en manos de políticos y banqueros". De la mano de Pablo Iglesias, profeta de la causa que les había prometido "asaltar los cielos", acamparon en las plazas de las principales ciudades españolas, rodearon después el Congreso al grito de "¡No nos representan" y más tarde, ya con el nombre de Podemos, en 2015, consiguieron, vía elecciones, entrar en el Parlamento con 69 diputados.
Afortunadamente, en el último minuto se ha impuesto el sentido común y la delegación de diputados alemanes que tenía anunciada una visita a Doñana decidió abortar el viaje. Pretendían inspeccionar la situación de los cultivos de fresas en el entorno del Parque.
En el estado mayor de Sánchez ya han asumido que la calle es territorio hostil para el líder. La facilidad con la que el presidente atrae al ciudadano cabreado aconseja preservarlo del contacto directo con el pueblo soberano.
Los teléfonos echaban humo este fin de semana, ante la indiferencia del pueblo llano. Los partidos configuran no solo sus alianzas, posibles o imposibles: también configuran sus listas, quiénes pueden ir en puestos de salida para ocupar un escaño desde septiembre, quiénes se quedan fuera del paraguas protector y cálido del Congreso y el Senado.
Siendo el objetivo permanente de Pedro Sánchez la conservación del poder, a costa de lo que sea la estrepitosa derrota sufrida por el PSOE el domingo, que apareja una gran pérdida de poder institucional -ayuntamientos, comunidades autónomas, diputaciones- parece que ha trastornado su percepción de la realidad.
Conste que, tras consultarlo con los más prestigiosos responsables de las casas de encuestas, de ninguna manera pienso que la opción Pedro Sánchez pueda ganar las elecciones del 23-j.
Este sábado tenemos comida familiar, y veré reunidas a mis cinco nietas. He pensado mucho en ellas, antes de ponerme a escribir esta columna, porque me han impresionado las consecuencias perversas que tienen las leyes mal redactadas, y cómo influye en los jueces esa irracionalidad que denominamos "políticamente correcto" .
Ya está en marcha la campaña del miedo al grito de ¡Que viene VOX!. En la dirección socialista tienen claro que más que debatir de programas y de proyectos de futuro es mejor azuzar la polarización, a un lado PSOE y las llamadas fuerzas progresistas, al otro un "coco" bipolar formado por PP y VOX.
La desesperación del presidente del Gobierno ha alumbrado un relato absurdo, por no decir surrealista. Y no lo digo tanto por la inesperada decisión de adelantar las elecciones, que también, sino por la posterior explicación sobre los motivos que han inspirado dicha decisión.
Al elegir el domingo 23 de julio como fecha para anticipar las elecciones, en plena canícula, Pedro Sánchez quizá no cayó en la cuenta de que estaba consiguiendo un montón de "amigos". Ese día media España estará de vacaciones en la playa, en la montaña o de viaje por el extranjero y la otra mitad estará disfrutando del puente de Santiago Apóstol.
Cuando uno vuelve la vista atrás y comprueba que dentro de unas horas se cumplen cinco años de aquella moción de censura que colocó a Pedro Sánchez en La Moncloa, no puede sino estremecerse: ¿de verdad han pasado tantas cosas, tantas anomalías políticas, tantos sobresaltos, de veras se ha pretendido cambiarlo todo tanto en apenas un lustro? De entonces, aquel junio de 2018, solo quedan cinco ministros (presuntamente a punto de dejar de serlo), la dirección del PSOE ha cambiado radicalmente, ha estallado una coalición imposible, han desaparecido las principales figuras de la política nacional.
La inopinada convocatoria anticipada de las elecciones legislativas el 23 de julio, golpe desesperado de Pedro Sánche para intentar conjurar el desastre del PSOE en los comicios locales y autonómicos, está generando todo tipo de conjeturas acerca de las razones para adelantar los comicios.
La verdadera moción de censura, y la que ha triunfado, obligando a Sánchez a disolver las cámaras y convocar elecciones, ha sido la del 28-M. El trastazo descomunal que se ha metido el PSOE, a quien han sacado a votazos de ayuntamientos y comunidades autónomas, ha dado, como segunda parte de la ecuación, que el acorralado líder haya optado por la única salida, personal, que le quedaba.
Llevo varios años viviendo en esas urbanizaciones impersonales, donde su amplitud, y la complejidad de los servicios, requieren la contratación de un gerente, que a su vez se encarga de los empleados de jardinería, limpieza, mantenimiento, etcétera.
La decisión de Sánchez de disolver las Cortes y convocar elecciones generales para el 23 de julio tiene varios componentes: audacia, desafío, coartada en defensa propia, revulsivo, apuesta al todo o nada y un punto de desesperación.
El día clave tenía que ser el domingo, el 28-M, pero la clave se pasó al lunes. Será que los resultados de las elecciones no tenían tela que cortar como para que, a las pocas horas de conocidos, cualquier otro suceso político viniera, si no a oscurecerlos, sí a solaparlos, pero la decisión del presidente del Gobierno de adelantar las generales al 23 de julio ha dejado su dilucidación para otro día, o para nunca.
Una consulta de urgencia entre algunos socialistas más o menos relevantes me ofrece un resultado que deja poco lugar a la duda: con el órdago de adelantar las elecciones generales al 23 de julio, Sánchez está extremando su temeridad y "seguramente está dando las llaves de La Moncloa a Alberto Núñez Feijoo, aunque él pretenda lo contrario".