No me importa entregar el texto de mi columna antes de haberse celebrado el debate del lunes por la noche entre Sánchez y Feijóo porque su desenlace no vamos a verlo en la pantalla de la televisión sino en la tormenta mediática posterior.
Para escribir de un debate cara a cara antes de que se produzca dotando a las conjeturas de una cierta consistencia hay que acudir al retrovisor. Avizorar por dónde puede ir la estrategia de uno y otro candidato a partir de sus intervenciones en debates similares al previsto para la noche del lunes.
¿Ha empezado ya la cacería a la increíblemente aún vicepresidenta del Gobierno Yolanda Díaz? Parecería que, entre los errores propios y los disparos ajenos, el carisma de quien teóricamente sigue siendo la 'número tres' del Ejecutivo con(tra) el que compite ha empezado a tambalearse.
A lo peor me he vuelto susceptible, pero en cuanto aparecen estadísticas, y consejos de grandes expertos en especialidades recién inauguradas, me temo lo peor.
El CIS no es sólo lo que Tezanos ha dirigido en los últimos tiempos de aquella manera, sino también, al parecer, la palabreja que designa a la persona que está conforme con el sexo que le asignó la naturaleza al nacer.
Decía Enrique Tierno Galván, aquel sabio y cínico fundador del PSP que acabó integrándose en el PSOE y acabó hollando la silla curul del Ayuntamiento de Madrid, que todo el mundo sabía que las promesas que se hacen en campaña electoral son para no cumplirlas.
Pertenezco a una familia bajo sospecha: casi todos somos gente peligrosa, o sea, autónomos. Mi hijo, mi hija, mi nuera, mi yerno, excepto mi mujer, que ha optado por jubilarse. Hace unos días nos dieron el hachazo correspondiente al primer plazo de pago de la renta.
No es fácil abrirse paso en el ruido de sondeos cuyo primer efecto en los circuitos políticos y mediáticos es la creación de estados de opinión. Siempre favorables o cercanos a quienes los encargan.
Se sabe que la herencia está en el orígen de la desigualdad social, pero no se sabe bien qué teoría política aportaría la solución más acertada, si aquella que propone su abolición, esto es, la supresión del hecho hereditario a excepción de la vivienda, el mobiliario y los objetos y enseres personales, o aquella otra que, persiguiendo el mismo fin igualitario, defiende lo contrario, es decir, que haya más herencias, que todo el mundo herede.
No queda ni una semana para que empiece la campaña electoral y la tensión crece entre los políticos que aspiran a representarnos y se transmite a los ciudadanos, a todos nosotros. En lugar de aprovechar la ocasión para buscar equilibrios, vías de encuentro, soluciones para los problemas de la ciudadanía, diálogo y consensos políticos, se exacerban las diferencias y se construyen discursos políticos excluyentes.
El Gobierno de Pedro Sánchez nos ha defraudado por muchas razones. Unas políticas, como el asalto a las instituciones, la rebajada de la sedición o la malversación, la Ley del sólo sí es sí.
Alba Flores, nieta de Lola Flores, es una actriz de éxito, activista vegetariana, que comenzó a investigar sobre la industria de la ganadería, y llegó a la conclusión de que "los sucios mercados de carne, las granjas industriales y los mataderos repletos de animales enfermos y estresados son un caldo de cultivo para las enfermedades zoonóticas", según sus palabras, así como que "la industria de la ganadería suponía un problema muy grave para el planeta".
Que el extorero Vicente Barrera, de Vox, sea vicepresidente de la Generalitat Valenciana, tiene tela, pero que vaya a ser también consejero de Cultura, eso ya es un sindiós como la copa de un pino.
Las encuestas siguen dando ganador de las próximas elecciones generales del 23-J a Alberto Núñez Feijóo. Así que el presidente del PP no quiere pierde tiempo. Su grupo de economistas le preparan decenas de "one page" con los asuntos vitales sobre el estado de la economía y los pasos a dar para revertir la nefasta situación en que Pedro Sánchez va a dejar las cuentas públicas, empresarios, familias, autónomos e inversores.
Rodríguez Zapatero ha sido el peor presidente de la historia democrática de España hasta que llegó Pedro Sánchez. El uno inició la deriva populista que el otro casi ha culminado y, si no es derrotado en las urnas el próximo 23J, terminará la faena para regocijo de su antecesor y de los socios actuales del Gobierno.
Hasta hace no mucho, en este país, si no te habían espiado el teléfono no eras nadie y, ahora, si no criticas, afeas, censuras o repruebas a Pablo Motos, es que no eres ni progresista, ni puedes firmar manifiestos progresistas, ni te van a llamar a ninguna manifestación.
A la vista de lo ocurrido en Extremadura está claro que, al convocar elecciones el 23 de julio, Pedro Sánchez calculó los problemas que tendría el PP para administrar los resultados de su victoria en los comicios locales y autonómicos de mayo.
Las campañas electorales en España siempre tienen algo de atípico. Hasta de un poco chusco. Que toda la controversia gire ahora en torno a si lo políticamente más correcto es hablar de 'violencia machista', de 'violencia intrafamiliar' o de 'violencia contra las mujeres' me parece que son ganas de enmarañar un asunto que ha de estar bien claro: ni la menor violencia, maltrato, insulto, desigualdad o discriminación es tolerable. Y punto.
A Pedro Sánchez no se le puede negar el aplomo con el que defiende lo indefendible. En ocasiones por encima de la evidencia. La más reciente durante una entrevista con Carlos Alsina, en Onda Cero.
Basta ver las listas electorales de todos y cada uno de los partidos para el 23J para descubrir que no se ha buscado a los mejores, a los más expertos, a los que más pueden aportar, sino a los más leales, a los más fieles, a los que seguirán disciplinadamente lo que dicte el aparato del partido y a quienes hay que salvar porque, si los que están en el poder pierden, se quedarán en la calle.
Pintan bastos para el PSOE en las encuestas. La derrota sufrida en las elecciones locales y autonómicas y su consecuencia más visible, el relevo de poder a favor del PP, está configurando un escenario con el que no contaban los estrategas de La Moncloa cuando animaron a Pedro Sánchez a plantear los comicios del 28 de mayo como un
Enrique Jardiel Poncela, una de esas personas de gran talento que, de vez en cuando, nacen en España, dejó escrito -no sé si en una de sus obras de teatro o en alguna de sus atrevidas y casi surrealistas novelas- que en Murcia había mucho tomate.
Uno de los éxitos de la izquierda es haber conseguido generalizar un marco mental según el cual en España hay extrema derecha (Vox) pero no su contrapartida: la extrema izquierda que en puridad es lo que representa Podemos.
Primero, las auto exculpaciones: no, no simpatizo con Vox en general ni, menos aún, con bastantes de sus postulados y actitudes en particular. Ni creí jamás, hasta ahora, que saldría a defender al partido de Santiago Abascal, a quien conocí años atrás en Bilbao, en una de mis columnas.