El misterio de los restos de Cervantes: identificados sin ADN y enterrados en las Trinitarias

El misterio de los restos de Cervantes: identificados sin ADN y enterrados en las Trinitarias

Miguel de Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha, fue homenajeado en 2015 con honores de soldado en el convento de las Trinitarias, en pleno Barrio de las Letras de Madrid, tras una compleja investigación científica que permitió localizar unos restos atribuidos al escritor casi cuatro siglos después de su muerte.

El hallazgo fue resultado de un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Madrid y desarrollado por 36 expertos bajo la dirección del antropólogo forense Francisco Etxeberria. Tras meses de trabajo, los investigadores concluyeron que los restos encontrados correspondían, con alta probabilidad, a Cervantes. Pero nunca pudo confirmarse al cien por cien: las pruebas de ADN resultaron imposibles de realizar.

El principal obstáculo fue de índole familiar. La única pariente directa viable para una comparación genética, su hermana Luisa de Belén Cervantes, está enterrada en un osario común en Alcalá de Henares. Eso hacía técnicamente inviable identificar sus restos.

Cervantes fue enterrado en 1616 en el convento de las Trinitarias, tal y como había solicitado en agradecimiento a la orden que facilitó su liberación tras más de cinco años de cautiverio en Argel. La construcción posterior de un nuevo templo, sin embargo, provocó que se perdiera la ubicación exacta de sus restos.

Diversos estudios históricos apuntaban a que sus huesos pudieron haber sido trasladados a la cripta del nuevo convento, mezclados con los de otras personas. Eso complicó enormemente su localización. En 2014 se puso en marcha la investigación con técnicas como el georradar para rastrear el subsuelo del convento, buscando restos de un hombre de unos 70 años con señales compatibles con las heridas que Cervantes sufrió en la batalla de Lepanto.

En marzo de 2015, el equipo halló restos humanos mezclados pertenecientes a al menos quince personas, junto a objetos de la época: monedas y tejidos. Aunque no se pudo reconstruir un esqueleto completo ni identificar de forma individual todos los huesos, los investigadores destacaron una "suma de coincidencias y ninguna discrepancia" entre los datos históricos, arqueológicos y antropológicos.

Los restos fueron depositados finalmente en un monumento dentro de la iglesia de San Ildefonso, en el convento de las Trinitarias, donde reposan en tres urnas junto a los de otras personas. La entonces alcaldesa de Madrid, Ana Botella, dio por concluida la búsqueda señalando que Cervantes "vuelve a estar donde quiso estar", cerrando así un misterio histórico que, pese a no contar con confirmación genética, se considera resuelto por la comunidad científica.