Una sociedad airada

Francisco Muro de Íscar Colaborador de Opinión

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Alguien ha comentado en redes lo difícil que va a ser ir a votar en las próximas elecciones. Ir a depositar un voto de confianza en cualquiera de los partidos que se presenten. Y tiene toda la razón.

Boletín horario Edición de las 14:00 Miércoles 30 de septiembre

Cada problema que se presenta -y tenemos muchos-, cada manera de enfocar o de proponer las soluciones -pensando en intereses personales o de partido y no en los generales- disuade a cualquier persona con sentido común de otorgar su confianza a quien dice representarnos y sólo quiere representarse a sí mismo y sacar beneficio de los problemas de los ciudadanos.

Mirar a los políticos como disfrazan la realidad, la manipulan y la modifican a su interés provoca el rechazo de la sociedad. Descubrir la incapacidad de la ministra de la Vivienda para explicar lo que acaba de aprobar un Consejo de Ministros es patético. Comprobar que un Gobierno "sólido y de progreso" hace dos ruedas de prensa para explicar lo que se ha decidido en un mismo Consejo de Ministros es un insulto a la sociedad. Decir que se va a responder a la agitación social con "la urgencia que requiere" después de ocho años de no hacer nada, de mentir y de engañar es una provocación. Convertir un desahucio lamentable, que debería haberse solucionado por vías institucionales, en un escándalo nacional, cuando cada año hay 25.000 desahucios en España y muchos son bastante más graves y duros, es pura demagogia.

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Hacer que sean los particulares, los que tienen un piso en alquiler, los que paguen la inacción de las instituciones o la lentitud de la justicia es impresentable.

Por eso no es extraño que esta sociedad esté airada, que pueda lanzarse a la calle para exigir un Gobierno que gobierne y movilizar a mucha gente. Hay muchos motivos para hacerlo, no sólo la vivienda, que es uno de los más importantes. La carestía de la cesta de la compra, la subida de los combustibles, los salarios que no llegan, la absoluta dejación ante una invasión de una parte del territorio español, la mala utilización de los fondos europeos que deberían haber servido para modernizar el tejido industrial y que nadie sabe cómo se han gastado y en qué, la corrupción en las altas esferas institucionales, la ocupación de las instituciones, la politización interesada de la justicia...

En algunos de estos asuntos, los sindicatos deberían haber sido los primeros en exigir al Gobierno cambios, diálogo social, alternativas. Pero durante estos ocho años han estado recogidos en el redil del dinero público que les ha regado sustancialmente, y han ignorado voluntariamente todos los problemas. ¿Se imaginan ustedes lo que hubiera sido esta última etapa, con un Gobierno del PP o, más aún, del PP y Vox? No habría habido ni un día de calma. Y si se produce el vuelco electoral, no lo habrá.

No hay Gobierno, sólo una panda que no se habla y que quiere mantenerse en el poder todo el tiempo posible. No hay mayoría parlamentaria, sólo unos cuantos que quieren exprimir el limón y llevarse todo lo que les dejen. No hay Presupuestos, sino más recaudación fiscal y movimiento de partidas sin control alguno. No hay Parlamento porque no hay control ni rendición de cuentas por el Gobierno. No hay interés en defender a los ciudadanos, sino en defenderse los que mandan. No hay voluntad de arreglar nada, sino de mantener el control de todas las instituciones. No hay democracia en los partidos sino la amenaza de echar al que discrepe. No hay asunción de responsabilidades penales o políticas, sino una huida hacia adelante y un acoso a los jueces. Y la oposición, de aquella manera.

Poco para conquistar no ya a sus votantes sino a los desencantados. Así que entre este nuevo 15M, una oportunidad para el PSOE y para la extrema izquierda de culpar a la derecha de lo que ellos no han hecho en ocho años, la polarización provocada desde el poder, una extrema derecha que también ve la oportunidad de multiplicar el descontento, un PP que no sabe por donde tirar y una sociedad cabreada por muchos motivos justificados, los que juegan demagógicamente con el mapa político atisban que todavía tienen una oportunidad para no irse a casa. Y ya tenemos varias experiencias de que son maestros en aprovechar esos momentos.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

Preguntas para el debate:

Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.

¿Crees que los partidos políticos están respondiendo adecuadamente a las preocupaciones que enumera el autor sobre vivienda, carestía y empleo?

¿Qué cambios te gustaría ver en la forma de actuar de los sindicatos y las instituciones para recuperar la confianza en la política?

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