OTAN, España de salida NO

OTAN, España de salida NO

Madrid 25 Abr

El agitado mundo de las encuestas se centra estos días en el resultado previsible de las elecciones andaluzas, así que apenas hay tiempo, lugar y recursos para abordar otros temas. Por ejemplo, el de la permanencia de España en la OTAN, de donde, según algunas filtraciones, de esas en las que la Casa Blanca es maestra, nos querría echar la Administración Trump, aunque fuese contra la legalidad y contra los estatutos de la Alianza. El Gobierno de Pedro Sánchez se limita a encogerse de hombros: "No estamos preocupados". Pero me gustaría conocer algún sondeo -que los hay y no se publican- acerca de si los españoles quieren o no seguir en esta institución, en la que llevamos cuarenta y cuatro años de tensiones.

'OTAN, de entrada no', fue el eslógan que hace cuarenta años sirvió para que la izquierda, PSOE y PCE, agitasen las calles pidiendo la salida de España de la Alianza Atlántica, cuya entrada se había consumado cuatro años antes por Leopoldo Calvo Sotelo en un clima de intensas presiones internacionales derivadas de la guerra fría. Unas presiones que jamás cesaron cuando llegó al poder Felipe González con un programa antiatlantista que pronto hubo de cambiar ante las perspectivas de que, de no hacerlo, podría España irse despidiendo de ser miembro de las estructuras europeas, o sea, de lo que entonces era la Comunidad Económica Europea.

El referéndum convocado por el Gobierno de González el 12 de marzo de 1986 tuvo una fase previa agónica: el giro de timón del PSOE en favor de la Alianza no fue bien comprendido por sus votantes. Que, en última instancia, y gracias a una intensa y eficaz campaña, dieron el 'si' por un 56.8 por ciento a la permanencia en la OTAN, con salvedades que, como la reducción de la presencia militar de Estados Unidos en suelo español, jamás se cumplieron del todo.

Tan intenso fue el volantazo de los socialistas que en 1995 uno de sus más destacados dirigentes, Javier Solana, que incluso 'sonó' como posible sustituto de Felipe González en La Moncloa, pasó a ser secretario general de la Alianza, en un clima de fuerte tensión internacional. Hoy, Solana mantiene un cauto silencio ante las vicisitudes por las que pasa aquella OTAN a la que él dirigió durante cuatro años.

España nunca se había distinguido por ser un miembro 'díscolo 'de la Alianza, hasta que llegó Pedro Sánchez, que convocó una muy celebrada 'cumbre' atlántica en Madrid en 2022, de la que salió el documento del 'nuevo concepto estratégico' que debería ser la guía otanista durante una década y que, sin embargo, pronto voló en pedazos. Dos años después comenzaban las discrepancias internas, y la guerra de Ucrania demostró el error de haber conceptuado a la Rusia de Putin como un aliado fiable. La llegada de Trump a su segundo mandato, con la exigencia de que los países occidentales dedicasen el 5 por ciento de su PIB bruto a defensa, terminó de dinamitar la paz interior.

Esta paz ya no existe, y la Alianza, bajo la dirección de un Mark Rutte al que muchos países -entre ellos, desde luego, España-consideran como un 'servidor' de Trump, se debate sobre su porvenir. ¿Un apéndice de los Estados Unidos, sin los cuales, por cierto, no podría sobrevivir?¿Tratar de seguir siendo un elemento disuasorio frente al imperialismo de Putin? ¿Un club de defensa mutua?

La OTAN será, sin duda, lo que Trump, mientras esté en la Casa Blanca, quiera que sea. Con España dentro, sin duda. Porque nadie, ni siquiera los 'cabezas de huevo' que en la Administración Trump filtran lo contrario, puede imaginar a la Alianza sin un Estado como España, en posición estratégica clave por tantos motivos. Aunque al 'amo' Trump no le guste, que eso cada día parece menos importante. Porque, se interrogan no pocos incluso dentro de las estructuras de la OTAN ¿cuánto tiempo de mandato le queda al inestable Trump? Gran pregunta, como sin duda veremos pronto.


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