Pediatras, neurólogos, psiquiatras y psicólogos reclaman limitar al máximo el uso de móviles, tabletas y televisión en menores y alertan del vínculo con problemas de sueño, conducta suicida, lenguaje y autorregulación emocional
Pediatras, neurólogos, psiquiatras y psicólogos han advertido del daño que las pantallas provocan en la infancia y la adolescencia. Su recomendación es tajante: cero horas diarias de móvil, tableta y televisión hasta los 6 años, y un máximo de una hora supervisada entre los 6 y los 12. Así lo recoge el documento Protección de niños, niñas y adolescentes en entornos digitales, coordinado por la Plataforma Control Z y respaldado por la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Neurología, la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia y el Consejo General de la Psicología de España.
La evidencia científica reciente permite afirmar con consenso razonable que determinados usos, contenidos y diseños digitales contribuyen, al menos en parte, a resultados adversos en la salud mental, el sueño, el neurodesarrollo, la autorregulación emocional y la seguridad de los menores. La advertencia no se limita a un uso abusivo o extremo. Los expertos apuntan también a la arquitectura misma de algunas plataformas y a la exposición temprana a ciertos contenidos.
Uno de los hallazgos más graves es la relación entre el uso adictivo de redes sociales, móviles y videojuegos y la aparición de ideación suicida y conducta suicida. El empeoramiento de la salud mental en adolescentes se sitúa entre los principales riesgos identificados. El debate sobre las pantallas ha dejado de ser una cuestión de hábitos familiares para convertirse en un asunto de salud pública.
La comunidad científica también alerta de las alteraciones del sueño asociadas a estos dispositivos, con consecuencias directas sobre la atención, el estado de ánimo y el rendimiento escolar. La exposición precoz en la primera infancia, especialmente cuando es pasiva y sin interacción verbal con un adulto, se asocia con peores resultados en lenguaje, cognición y regulación socioemocional.
El documento identifica otros riesgos cada vez más presentes en la vida digital de los menores: exposición a contenidos de alto riesgo como material sexual o pornográfico, ciberacoso, y efectos físicos como problemas oculares u obesidad. El escenario que dibujan los expertos va mucho más allá del simple exceso de tiempo frente a las pantallas.
La recomendación de las sociedades científicas busca establecer límites claros en función de la edad del menor, reconociendo que el impacto de la exposición digital varía según la etapa del desarrollo. Los expertos subrayan que la protección de la infancia en entornos digitales requiere no solo cambios en los hábitos familiares, sino también regulación de las plataformas y sus mecanismos de diseño.