Fernando Jáuregui
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El 'mileimitin' de Milei en 'nuestra' campaña

· 3 min de lectura

Admito que quizá me esté quedando anticuado, pero hasta hace no mucho el que un jefe de Estado acudiera a un país extranjero, teóricamente amigo, para decir que 'hay que sacar a patadas' al 'impresentable dictador' primer ministro de ese país amigo, hubiese sido considerado inaceptable para todos. Para los que son partidarios de ese primer ministro y para los que no lo son, porque considerarían que el jefe de Estado visitante estaba cometiendo un atentado capital contra los usos y costumbres diplomáticos que pavimentan la convivencia entre las naciones, además de mostrar una pésima educación. Una injerencia en los asuntos domésticos de la nación visitada. Pero eso es lo que hizo el presidente argentino, Javier Milei, este miércoles en una comparecencia ante empresarios y periodistas españoles en Madrid, con el agravante de que lo hizo, además, en plena efervescencia de una precampaña electoral.

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Ya sabemos que Milei no es de los que piensan que, en política, las formas son al menos tan importantes como el fondo. En una intervención de una hora en el Foro Nueva Economía de la capital española, el jefe del Estado argentino inició una visita 'privada' a España (no se verá con Sánchez, desde luego, pero tampoco con el Rey) calificando al presidente español como 'delincuente y ladrón', 'liberticida', 'corrupto' y otras lindezas semejantes, además de acusarle, sin mayores pruebas, de haber 'fomentado la invasión de Ceuta'.

Por supuesto que estas líneas no son un alegato a favor de la política de Sánchez, ni una cortapisa a la libertad de cualquiera, incluso de un mal educado visitante foráneo, para criticar las políticas que se hacen en España, que ya se sabe que, por lo demás, no poco de criticable tienen. Lo que pretendo es alzar mi voz contra el decaimiento de los viejos y buenos usos diplomáticos, de la antigua cortesía verbal y del por lo visto desfasado talento para atacar sin pisotear las reglas de convivencia. Así, estamos haciendo un mundo peor.

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Ignoro, porque no respondió de manera clara a la pregunta que le hice al respecto, si este profeta de la motosierra, que nos lanzó un discurso liberal a la vieja usanza del 'laissez faire', acudirá o no a la 'cumbre' iberoamericana que se celebrará en Madrid a comienzos de noviembre, donde, en pura teoría, debería saludarse con Sánchez y con el Rey (con quien dijo mantener buenas relaciones, pese a que no le visitará en esta ocasión en La Zarzuela). Lo que sí es seguro es que, si este personaje esperpéntico va a la 'cumbre', un evento que es muy importante para la diplomacia española, habrá noticia. Porque es seguro que acudirá a boicotearla más que a cooperar para que salga bien.

Y lo peor es que son otros varios jefes de Estado latinoamericanos de extrema derecha los que se hallan más cerca de Milei que de las posiciones templadas (en este terreno) del Gobierno español. Casi se puede cantar el fracaso de este acontecimiento, con el que España pretende recuperar sus 'lazos privilegedados' con una Latinoamérica que ha virado al extremismo derechista, incluido Brasil, en buena parte de sus componentes.

Milei acudió a la precampaña española a hacer un mitin. 'Su' mitin, en el que dedicó muchos minutos a elogiar la buena marcha de su propia política económica y más minutos aún a resaltar sus tesis ultraliberales y a denigrar las de los socialdemócratas, todo ello salpimentado con insultos y descalificaciones que dejan al peor Trump como un tímido partidario de las buenas usanzas del siglo XIX.

Dedico mi columna de hoy al 'mileimitin' precisamente porque los españoles estamos a punto de embarcarnos en una campaña que, antes de acudir a las urnas el próximo 29 de noviembre, promete ser durísima y muy lejana a aquella elegancia que proclamaban los primeros pobladores de nuestra democracia. Milei no puede ser ejemplo (menos mal que hasta Abascal, con quien tiene muchas afinidades, le dio plantón en este desayuno) para la política española. Ni el mundo puede estar mucho más tiempo regido por gentes como él, como Trump, como Netanyahu o como Putin, dicho sea salvando todas las distancias entre ellos, aunque todos ellos se agrupen en el sindicato de los mal, muy mal, educados.

Y por ahí no podemos pasar. Y menos, como, ay, ocurrió este miércoles, aplaudirles. No son sus ideas, sino su rudeza, su descortesía, su chabacanería, su incivismo, lo que les hace insoportables, sean cuales sean sus idearios, que tampoco es que estén llenos de 'finezza' precisamente.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

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