La industria, otra vez al rescate

La industria, otra vez al rescate

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La industria española ha tenido que acudir nuevamente al rescate del sistema eléctrico. El pasado jueves, 20 de agosto, poco después de las seis de la tarde, cuando todavía quedaban horas de luz solar, Red Eléctrica activó durante dos horas el llamado Servicio de Respuesta Activa de la Demanda. Este rimbombante nombre significa en realidad que determinadas industrias tienen que reducir su consumo porque la red no dispone del margen suficiente para garantizar que todo funcione con normalidad. El mecanismo permite disponer de esa potencia adicional en minutos y salvar la trastada.

Lo preocupante es, además, la frecuencia con la que se está rozando el apagón. En lo que va de año es la sexta activación del mecanismo y la cuarta en apenas 35 días. Ya no parece una circunstancia excepcional. Empieza a parecer una forma de funcionamiento. Las causas está vez son varias, pero todas conducen a la misma conclusión: algo no está funcionando bien en la planificación eléctrica. Se ha producido una falta de previsión sobre la capacidad real de generación fotovoltaica, mientras la producción hidroeléctrica ha sufrido una fuerte caída. A ello se suma que las condiciones de mercado no favorecen que determinadas instalaciones hidráulicas entren en funcionamiento en nuevos ciclos cuando los precios no resultan atractivos. Y también que España tuvo que atender las necesidades de suministro de Portugal.

En el fondo, la cuestión es más sencilla: producimos mucha electricidad cuando no la necesitamos y, cuando necesitamos potencia firme y capacidad de respuesta, aparecen las complicaciones. Después del apagón del 28 de abril de 2025, Red Eléctrica debería haber aprendido la lección. La estabilidad de la red no puede depender permanentemente de medidas extraordinarias ni de pedir a la industria que reduzca su actividad para evitar males mayores, cuando además los consumidores estamos asumiendo en el recibo de la luz el coste del escudo anti-apagones. Lo que está ocurriendo no puede despacharse como una simple incidencia técnica. Si las previsiones fallan repetidamente, habrá que revisar las previsiones. Si falta capacidad de respaldo, habrá que garantizarla. Si sobran determinadas horas de generación renovable, habrá que desarrollar almacenamiento y demanda. Lo que no es de recibo es que parar la industria y cobrar a los consumidores se convierta en norma, cuando el problema es claramente de modelo energético.


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