
Hay muchos problemas, la mayoría, para un país y para una sociedad que sólo se pueden resolver de verdad con reflexión, debate, escucha de los interesados o afectados y consensos mayoritarios. Eso es, debería ser la política siempre. Lamentablemente la realidad es muy diferente. La inmigración es uno de ellos, sin duda, y no solo afecta a España, es un problema europeo, internacional. No hay soluciones simples ni fáciles ni rápidas para un problema de una enorme envergadura. No se pueden poner puertas al campo: los inmigrantes seguirán llegando masivamente al sueño europeo. Pero tampoco cabe África en Europa. No hay fronteras que no se puedan saltar. Pero en Ceuta, por poner el ejemplo más reciente, no ha habido una inmigración irregular sino la invasión de un territorio, empujada o avalada por otro país y sin capacidad de control por parte del Gobierno de España. La ciudad de Ceuta no puede soportar una invasión de setenta mil personas y tampoco que ocho mil o diez mil sigan vagando por sus calles sin comida, sin refugio, sin higiene, con emergentes problemas de orden y salud públicos, con una tensión que irá creciendo y en manos de las mafias y con la inoperancia de un Gobierno incapaz de solucionar la crisis. Ceuta, que como Melilla, ha sido una ciudad acogedora e integradora de la población musulmana, no puede más. Como dijo el Papa León XIV no podemos bendecir "entusiasmos ingenuos o alimentar miedos estériles". Son necesarios criterios de discernimiento: la dignidad de las personas, de todas, la seguridad de los ciudadanos, los derechos de todos, la evaluación del impacto humano y social, la inclusión de los más frágiles, la atención a los menores no acompañados y medidas eficientes para integrar de verdad a los que llegan.
En Ceuta hoy no hay medios ni personales ni materiales, no hay seguridad, no hay una estrategia conjunta entre el Gobierno central y el de la ciudad -el único que ha estado responsablemente donde tenía que estar- y crece el miedo razonable de los ceutíes que han sido dejados a la intemperie. El Gobierno se ha equivocado, ha actuado tarde, no asume ninguna responsabilidad y está favoreciendo el crecimiento de los intransigentes. Hay un riesgo social de primera magnitud y eso no lo puede resolver solo el Gobierno. Menos aun un Gobierno ausente y sin ideas.
¿Echarlos a todos? Lo peor que nos puede pasar es demonizar y convertir en delincuentes a los inmigrantes. Son ya el veinte por ciento de los ciudadanos españoles. Hace una semana, cuatro jóvenes inmigrantes residentes en Zaragoza, de entre 18 y 21 años, morían en un accidente de tráfico. Venían de pasar el fin de semana en un pueblo de Soria prestando ayuda en un campamento de verano de YMCA Zaragoza, organización dedicada a la inclusión social y al empoderamiento de la juventud más vulnerable, de la que eran monitores de tiempo libre. Marlon David, nicaragüense, formaba parte desde hace años de la Cofradía de las Siete Palabras y San Juan Evangelista de Zaragoza y tenía profundas convicciones religiosas. Djedy Sedibe, con raíces malienses, estudiaba un grado superior de Química y Salud Ambiental en el IES Río Gallego y jugaba al fútbol en el Zaragoza Galaxy. "Una buena persona con quien compartir momentos, risas y buenos recuerdos", dicen sus compañeros. Saad Ahizoune, de origen marroquí, iba a iniciar en septiembre cuarto curso de Magisterio en Educación Primaria. Larry, senegalés, también perdió la vida. Tras la mayoría de edad habían decidido continuar en los mismos programas en que habían participado como niños y adolescentes para apoyar a otros niños. También ellos eran inmigrantes. La diferencia con muchos otros es que ellos sí tuvieron una integración adecuada. Larry, Djedy, Saad y Marlon son, además de vidas truncadas, un ejemplo. Afrontar el problema de la inmigración exige un pacto de Estado y un pacto europeo que tenga en cuenta todos los factores que hacen de esta realidad un problema y también una oportunidad. Van a seguir llegando. O nos ponemos de acuerdo y dedicamos recursos suficientes e inteligencia a una integración real -el idioma, un oficio, nuestros valores democráticos- o dejamos el campo libre a los extremistas. Ni caben todos ni hay que expulsarlos a todos. Ni se van a ir ni los podemos echar a todos. Mientras haya pueblos excluidos de un desarrollo digno seguirán llegando. Además de migrantes son personas y tienen la misma dignidad que nosotros.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)