Rabat huele la debilidad

Rabat huele la debilidad

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Este verano que se despide ha sido uno de los más pródigos en acontecimientos de naturaleza política. En cabeza la invasión sufrida por Ceuta. Tolerada y puede que estimulada por Marruecos en la primera avalancha (30 de julio) y reprimida en el segundo intento el pasado 15 de agosto. De semejantes hechos cabe extraer dos conclusiones. Marruecos se aprovecha de la debilidad del Gobierno español tanto en la política interior -seguimos por tercer año sin Presupuestos y con una agenda judicial repleta de casos de corrupción- y precariedad también en política exterior en razón de la mala relación con Washington y las tensiones con los socios de la UE que critican abiertamente las decisiones de Pedro Sánchez en materia de emigración. La debilidad que detecta Rabat se agrava en razón del nunca esclarecido episodio de espionaje conocido como el "caso Pegasus" cuya sombra cada día parece más alargada.

La consecuencia más evidente de lo sucedido en Ceuta es que nuestra frontera con Marruecos es mucho más vulnerable de cuanto podía pensarse antes de la invasión. Un hecho qué a la luz de lo acontecido podría repetirse. Se puede entender que ninguno de los argumentos esgrimidos por los diferentes ministros que han visitado la ciudad hayan contribuido a tranquilizar a sus habitantes que declaran sentir miedo de salir a la calle. Sensación de abandono a la que sin duda ha contribuido el desinterés mostrado por el presidente del Gobierno qué seguía de vacaciones transformado la lejanía en metáfora del inexplicable distanciamiento de los problemas reales del país.

A los ceutíes no les valen las declaraciones retóricas de apoyo. La presencia descontrolada de varios miles jóvenes hasta un numero cercano a los cinco mil -algunos menores, otros no-, lleva muchos días desbordando los servicios de asistencia. Hay problemas de inseguridad y de sanidad. La devolución de todos ellos a Marruecos -como reclama el presidente Juan Jesús Vivas y comprometió el ministro Albares- presenta problemas jurídicos que auguran una demora que agravará las cosas. La situación tiende a ser socialmente insostenible. Las anunciadas comparencias -tardías- de varios ministros en el Congreso si no van acompañadas del anuncio de medidas expeditivas que sirvan de aviso a Marruecos, se quedarán en nada y Ceuta y como eco, también Melilla, no conseguirán superar la sensación de abandono. Una debilidad de la que toman nota en Rabat.


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